martes, julio 13, 2021

El Día: El odio creador de lo real

José María Lizundia Según pasaban los días, y ya había detenidos, no parecía que el asesinato de Samuel Luiz pudiera ser imputado a VOX como se decidió en un primer momento que fuera. De facto o inspiración. Quien verdaderamente despierta odio es siempre el anatemizado, y llega un punto en que es muy difícil encontrarlo citado sin que despierte calificativos de inhumanidad, sin tregua, en estado de alerta y denuncia permanente como los verdaderos enemigos infiltrados en nuestro sistema democrático, del que sobran. Como si ante el mal radical todos los calificativos de condena fueran insuficientes. Sería interesante yuxtaponer declaraciones sobre VOX y ver la aversión con que son proferidas, la rotundidad fónica de quien se sabe parte de una ola, los rictus faciales, ojos encendidos, gestualidad… El odio está en lo humano, en una inmediata gestalt, en la pasión, la intransigencia, el estado emocional de amplios sectores, el no reconocimiento, el deseo de exclusión o, si no, cerco, la presunción de culpabilidad como construcción del gran enemigo de todos. El odiador por la potencia de sus sentimientos ha de imputar su odio a aquel al que odia con una justificación fehaciente, en cuanto pueda disponer de ella. No son (VOX) unos enemigos de homosexuales, mujeres, emigrantes solo nominales, sino que los matan. Y ahí está el infortunado Samuel Luiz, reventado, como gran oportunidad para demostrarlo. Esa la urgencia de un tribunal popular en la condena. Como Samuel era gay, y con desprecio al deseo de su familia, se lanzaron a las calles a disparar todo su odio fanático. El odio de esta izquierda tan esquilmada de ideas y razones, era tal que incluyeron en el desbordamiento visceral, fanático y agresivo (su DNI) a Ayuso con “estás en la lista”. Empieza la Memoria democrática.

En España el odio, expresado en su máximo exponente de violencia política, lo ostenta la extrema izquierda en régimen de monopolio, por violencia hay altos cargos de UP condenados y procesados, amén la ristra de investigados por corrupción y prácticas mafiosas.

El sujeto pasivo de la violencia política es causalmente VOX, con agresiones, amenazas y coacciones, mil veces vistas por televisión. Es una violencia transitiva, tiene objeto y finalidad. Imputar odio a un programa electoral, a unas declaraciones de personas muy apaciguadas y equilibradas es realmente difícil, lo que excita mucho más. Por tanto, habrán de ir al ideario: control de la migración, supresión de chiringuitos y derogación de determinadas leyes, que son opciones amparadas por la ley y la libertad de pensamiento, con los que no transige el odio empírico. Qué regusto a Alta Edad Media, cuando el odio iba conformando lo real.

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