Para combatir el odio, el gobierno organizó una cumbre que, aunque suene muy internacional, era tan solo nacional y circunscrita, pese al nombre, a ellos mismos y algún satélite. Este despliegue de tanta tramoya y artefacto tuvo que deberse a que disponen de mucho ocio para tanto odio que disciplinar. La cumbre gubernativa se dio en llamar Hodio, la hache indebida es por huella (del odio en las redes y medios). El doctor Sánchez, que gobierna centrado en él, se volvió a victimizar como un niñato que no tolera censuras y manifestaciones en su contra; así sale esperpénticamente protegido como un emperador, comitivas de más de 20 coches y perímetros de aislamiento y a distancia (de plebe y francotiradores). Ya que los sentimientos pueden resultar criminales a poco que se manifiesten y sin que lleguen a resultados delictivos, basta criminalizarlos.
Opinión | Punto de vista
José María Lizundia 17 MAR 2026 7:00
Esta cumbre gubernativa para perseguir sentimiento y emociones, sin que lleguen a cristalizar en resultados, hubieran merecido el desprecio de al menos Marcuse, Habermas y la Escuela de Frankfurt, el mismo Freud, Jung, Lacan; Ilia Ehrenburg y el Ejército Rojo; Castro y El Che; como de la Iª, IIª, IIIª y IVª internacionales; George Bataille y la literatura, no digamos de Karl Marx ( que la violencia era la partera de la historia), Ho Chi Minh y Mao Zedong; Tupamaros, ERP y Montoneros; ETA y Bildu; Polisario y Hamás, anticolonialistas de toda laya y condición. Hemos sido las izquierdas quienes siempre, histórica y constitutivamente, hemos propuesto o justificado la violencia, por la solidaria intolerancia de la opresión, y la imposibilidad sensible de digerir mínimamente la injusticia social. Cuanto más intensamente se viva eso, más justificada estaría la violencia, según manuales y padres de la izquierda. Como hizo la izquierda alfabetizada y lectora, aquella que fue, no ésta, iletrada, ladrona y corrupta en todos los hemisferios. De forma empírica y doctrinal, la izquierda como contestataria, rebelde, subversiva, soñadora, revolucionaria, ha sido el gran ariete del odio y la violencia, pero, ojo, siempre por un mundo mejor, por el paraíso en la tierra, por el hombre nuevo, por el fin de toda injusticia, por la liberación de los pueblos, por los derechos de humillados y ofendidos, que seguidores del Cristo de los mercaderes del templo, también lo promocionaba. Los woke han adecentado la desnutrición teórica y de la izquierda actual en dique seco, reorientando el gran acervo de odio y revisando su belicosidad. Y si se me permite, de la ojeriza de la lucha de clases a la lucha de géneros, razas, pigmentación, post-anticolonialismo. Es muy injusto que a las izquierdas no se nos reconozca nutrientes y esencialidad: nuestro más caro patrimonio espiritual.



































