Arqueaban el dedo índice como si lo hicieran sobre la ceja circunfleja del estadista Rodríguez Zapatero, un sosia de Mister Bean sin gracia, y selecto comisionista-conseguidor que operaba sólo con regímenes totalitarios. Como pude oír a Antonio Caño: tanto Felipe González como José María Aznar habían conseguido como expresidentes presencia y prestigio internacional por medios legales, algo que el estadista caído solo podía obtenerlo por medios ilegales. Eran los artistas de la más cañí de las Españas, los que han de mostrarse con el poder, siempre un poder divisivo, siempre con el estamento, haciendo pedagogía. Todo talento, donaire, racialidad creativa, las mejores virtudes de soñadores de la utopía, pero en absoluto de la filantropía, el altruismo o el mecenazgo. Es algo que deberían saberlo los galácticos de la escena como Pedro Almodóvar o Javier Bardem, tan conectados al lujo norteamericano y los multimillonarios de Hollywood, predispuestos a las fundaciones y el mecenazgo, la filantropía y la generosidad con los más necesitados. Esas virtudes tan cultivadas entre sus amigos millonarios no son del estudio o gusto de nuestros artistas. Ellos en lugar de esconder lo que hace la mano derecha a la izquierda, se limitan hacer ostentación del acto nada filantrópico de su propio gesto de inmensa vanidad y narcisismo compulsivo. Bardem al parecer reservaba toda la planta para el nacimiento de un hijo en el hospital judío de Monte Sinaí, tan combatiente, casi antisemita. Almodóvar evasor fiscal pillado en los papeles de Panamá. Es la forma de no aprender absolutamente nada de sus multimillonarios de Hollywood. No asocian la filantropía con la mayoría de los museos y universidades norteamericanas, a pesar de que lo ponga a las entradas o con la asistencia de los más necesitados, sin cobertura pública. Es otro estilo el de Almodóvar y Bardem, más de hidalgos españoles petulantes engreídos, de ostentación en los casinos de pueblo o con el cepillo de misa mayor, siempre buscando la atención con el tintineo de la campanilla y las monedas. Buscando ser ejemplo. No deben ser conscientes que la aptitud o cualidades artísticas, asentadas en el instinto, la intuición, las emociones: en fuerza irracionales, no tienen que ver necesariamente con la esfera cognitiva e intelectual y la cultura (el arte es sólo parte).
Ahí está el verismo de Bardem haciendo de psicótico, o la
credibilidad de machista agarrándose los
genitales, para lo que no hace falta haber leído ningún libro. El desinterés de
Almodovar por toda la literatura democrática
y resistente se compadece con la excusa
de no haber sido antifranquista: por desprecio a Franco. También se ha visto
obligado a decir, en esa pugna narcisista enfermiza por despertar a un pueblo español,
esencialmente idiota, que en Estado Unidos no hay democracia. Se mueven muy
bien en los lujosos restaurantes de Los Ángeles
de esmoquin. Más difícil verlos por Harvard o Berkeley.
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