El nacionalismo siempre se basa en el mejor derecho de
una comunidad y en su proyección
expansionista, consecuencia de una supremacía excluyente. El patriotismo
proviene del vínculo afectivo entre los ciudadanos de una cultura compartida con
su territorio. Por el momento, y no será
la única consecuencia del nacionalismo marroquí, que nació con Allal al Fassi y
la independencia de Marruecos en 1956, y que ha logrado prender el patriotismo español
con imprevisible y potente combustión. Quiero decir, que han conseguido que la
pequeña y coqueta Ceuta deje de ser una
ciudad olvidada y aislada de España y los españoles. Lo que es un elemento nuevo
es que Marruecos haya dado la razón a un
argumento: de que el Estrecho no es una
frontera natural, toda vez que ha servido de puente de unión de espacios
políticos comunes a ambos lados, para vándalos, romanos, bizantinos, visigodos,
andalusíes, almorávides, almohades, taifas, reino nazarí y Protectorado.
Incluso podemos remontarnos a un ceutí
muy famoso: el Conde Don Julián (Juan Goitysolo), gobernador (S VIII) de Ceuta
(Septem).
Lo que no ha ocurrido jamás con los Pirineos, que sí ha
sido una autentica frontera natural, prácticamente nunca compartida, salvo, en lapsos
acotados, con Navarra y la Marca Hispánica. A su lado, el Estrecho es el puente
de Manhattan. La cultura general nos ofrece una prolija casuística de estados
en dos continentes, y hay otra figura anexa al territorio que son las aguas territoriales,
prolongación marítima natural de aquel: ¿El Estrecho: analógicamente? Mucho más cerca Ceuta de España que de Tetuán:
¡Qué geografía, entonces! De historia, nada que hablar.
Marruecos ha logrado también que todo el mundo conozca la historia española de Ceuta y sobre todo la pueda ver hoy en directo, son demasiados los dispositivos probatorios con grandes imágenes verdaderamente icónicas: como por ejemplo la cría de delfín sacrificada con gran celebración, tan simpáticos y protegidos por leyes europeas; agresiones a policías, y los invasores saturando la sanidad por navajazos y pedradas entre ellos, y preferente, el listado de agresiones sexuales. Sabíamos que desde las revueltas de la generación Z de 2025, contra los dispendios y grandiosidad de potencia petrolífera del Golfo, del régimen marroquí, éste sabe muy bien que le sobra una juventud muy marginal que vive en la calle y la droga, básicamente exportable. Se puede leer como el nacionalismo marroquí, con sus funcionarios de propaganda, cierra filas en las redes, sin evaluar cómo lo que se ha logrado es abrir la brecha entre civilizaciones, de forma absolutamente descarnada, y cuyas consecuencias pronto se verán muy expandidas y continentales. Ay, la pobre y pretenciosa “diplomacia cultural”, untuosa y previsoramente contable que siempre se evadió de hechos y realidades, de toda reflexión mínimamente crítica y analítica. Es fundamental saber que el partido no se juega en Ceuta. De poder lograrla, sería muy pírrica victoria.
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