viernes, marzo 06, 2026

Pedro Ugarte: la escritura desde la biología

Vaya por delante que uno no ha frecuentado  cuentos o relatos, un género prácticamente omitido, y creo recordar leídos muy pocos: a Ambrose Bierce, Pio Baroja, Mark Twain…   Ni siquiera a Cortazar, ni para compensar la deserción temprana de Rayuela.

Con estos antecedentes, y habida cuenta de que regresaba a Tenerife tras pasar un mes en Getxo, con otros libros  muy escogidos, no sabía cómo iba a resultar mi asalto  a los relatos de Pedro Ugarte. Había leído suyo Una ciudad del norte, de la que tenía buen recuerdo. Recordar el mero contenido de una novela, se me antoja bastante difícil, cuando no imposible. Comencé ahora por  Un lugar mejor y seguí con Antes del Paraíso  y pronto me vi envuelto por las historias y personajes de los relatos, sin tentaciones de pasarme o intercalar  los otros libros traídos, lo que era muy fácil, acostumbrado a hacerlo. Pero había sido retenido. Y ya que han salido a relucir los personajes, estos, a mi juicio, responden a un personaje más o menos icónico, tipo, representativo. Todos encajamos en algún sitio del casillero. Como si eso viniera a comportar una moraleja servida, con alguna secuela o juicio moral. Evitados. Por todo ello pareciera  que la sociedad con sus nichos y clases estuviera muy bien retratada, que lo está, la ficción de sus pormenores de vida individualiza los tipos humanos, quedan abstraídos para conferir la consistencia y tono del relato.

Tras los relatos y personajes con sus vicisitudes sociales y contextos subyace  una visión de la vida muy profunda, que nos sumergirán a un fondo donde actúan, a mi entender, las determinaciones netamente  existenciales, en gran parte biológicas, más que psicológicas y mucho más que sociales (en todo caso: culturales). Podríamos hacerlo corresponder con aquella diferenciación de la  estética, que se establece entre lo iconográfico (historias, personajes, interrelaciones palpables) y lo iconológico como significado profundo y trasfondo.

Este anclaje en parte de su obra, según interpreto, en los sustratos más profundos de la personalidad, nos haría plantearnos la relación entre obra (su conjunto) y autor. Así como hay obras que se sustentan por sí mismas, sin embargo, hay otras que nos remiten al autor, el demiurgo. Que es cuando nos interesamos por él y lo buscamos. Pedro Ugarte posee una cosmovisión que le hace escribir desde algún lugar de su mente, pulsiones e imaginario muy determinados. El ser humano tiene un claro recorrido biológico, se esconda o no, aunque sobre él se entremezclen distintos avatares; el autor “Jorge” es un alter ego que no admite que nadie le dispute el protagonismo.  Pesimista y escéptico, conocedor  del devenir progresivo y  desenlace de la vida, acepta resignado su recorrido y le conmueven los otros,  porque los entiende, el refugio más seguro es el de la sangre (familia), otra vez la biología. El amor no es la sangre, menos aún los amigos o el trabajo; ni patrias ni ideas, que no se necesitan para vivir. La vida es la cotidianidad y en el único lugar y lapso donde pueden ocurrir las cosas.  Pero hay que observarlas como hace Ugarte y elevarlas a escritura pública literaria. Con ese rango indeleble.

1 comentario:

Pedro dijo...

¡Gracias por tu lectura!