Vaya por delante que uno no ha frecuentado cuentos o relatos, un género prácticamente
omitido, y creo recordar leídos muy pocos: a Ambrose Bierce, Pio Baroja, Mark
Twain… Ni siquiera a Cortazar, ni para compensar
la deserción temprana de Rayuela.
Con estos antecedentes, y habida cuenta de que regresaba a
Tenerife tras pasar un mes en Getxo, con otros libros muy escogidos, no sabía cómo iba a resultar
mi asalto a los relatos de Pedro Ugarte.
Había leído suyo Una ciudad del norte, de la que tenía buen recuerdo.
Recordar el mero contenido de una novela, se me antoja bastante difícil, cuando
no imposible. Comencé ahora por Un
lugar mejor y seguí con Antes del Paraíso y pronto me vi envuelto por las historias
y personajes de los relatos, sin tentaciones de pasarme o intercalar los otros libros traídos, lo que era muy fácil,
acostumbrado a hacerlo. Pero había sido retenido. Y ya que han salido a relucir
los personajes, estos, a mi juicio, responden a un personaje más o menos icónico,
tipo, representativo. Todos encajamos en algún sitio del casillero. Como si eso
viniera a comportar una moraleja servida, con alguna secuela o juicio moral. Evitados.
Por todo ello pareciera que la sociedad
con sus nichos y clases estuviera muy bien retratada, que lo está, la ficción
de sus pormenores de vida individualiza los tipos humanos, quedan abstraídos para
conferir la consistencia y tono del relato.Tras los relatos y personajes con sus vicisitudes sociales y
contextos subyace una visión de la vida
muy profunda, que nos sumergirán a un fondo donde actúan, a mi entender, las determinaciones
netamente existenciales, en gran parte
biológicas, más que psicológicas y mucho más que sociales (en todo caso:
culturales). Podríamos hacerlo corresponder con aquella diferenciación de la estética, que se establece entre lo iconográfico
(historias, personajes, interrelaciones palpables) y lo iconológico como
significado profundo y trasfondo.



1 comentario:
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