Para una juventud confusa entregada a estímulos materialistas y de coraje encogido, podrían acudir a una vía más cómoda, acompañada, protegida, indolora; una gran propuesta por el suicidio hospitalario.
martes, marzo 31, 2026
El Día: Suicidio hospitalario en el corredor de la muerte: a las18 h
Ver por televisión a Noelia la víspera de la ejecución de
su eutanasia, quedará como imagen imborrable, como la de aquella
niña, Omayra, que se iba ahogando serena y lentamente ante las cámaras en 1985 en Colombia, tras la erupción del volcán
de Nevado del Ruiz y sin que pudiera ser
rescatada por la imposibilidad material de hacerlo. Esa es una imagen, la otra
es la del grupo de personas que se congregó a las puertas del hospital,
exactamente igual a como se hace ante las ejecuciones que se llevan a cabo en
los presidios norteamericanos. Aún queda
otro paralelismo formidable, que es la inyección letal. Uno ha estado
siempre a favor de la eutanasia, aunque
me dicen quienes entienden de eso, que las sedaciones y paliativos permiten en
muchísimos casos el mismo resultado. El caso Noelia imagino que servirá para
revisar concepciones y limites morales en los individuos y del Estado. El
estado físico y mental se alejaba bastante de los parámetros, para determinar
su final a manos del Estado; le habíamos visto mal andar, hablar y contar su vida,
sin que por ello nos pareciera inexorable su final, junto a las dudas y
oscuridad. Aquejada de una enfermedad mental muy grave (con ideaciones
permanentes de suicidio), no seguía tratamiento alguno. No deja de ser curioso
que desde hace poco haya irrumpido con fuerza la problemática del suicidio en
los jóvenes, como un fenómeno preocupante sobre el que había que actuar. En este contexto el caso Noelia chirría, y no
es impropio aventurar que este caso
tendrá consecuencias en ese segmento de jóvenes de tendencias, tentaciones,
ideaciones o intentos de suicidio. La hija de unos amigos que se halla saliendo
de la adolescencia, seguramente, haciéndose eco de la mentalidad dominante de su edad, invocaba la libertad de cada cual para decidir sobre su vida. Es
interesante ver de súbito esta actitud nihilista que no existencialista, menos, “esencialista”,
para la que no existen referentes éticos, concepciones metafísicas, patrones
culturales. La apelación abstracta a una libertad incondicionada era rebatida en
televisión por un psicólogo que trabaja con personas de tendencias y actos
suicidas, para quien la libertad al estar tan condicionada puede decirse que no
es tal o muy menoscabada. También el púlpito progresista apela a
la libertad individual, cuando siempre la han cercenado en beneficio y primacía
absoluta de los imperativos colectivos/estatalistas, y ponen el grito en el
cielo por la demora administrativa en la consumación. Se han vuelto fríos e
impacientes gestores.
Ensayista, escritor y abogado. Ha publicado "El Sáhara como metarrelato" y "El Sáhara, perspectiva de revisión" entre otros. Parte de su obra ha sido comentada y referenciada en inglés y francés.
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