viernes, octubre 15, 2021

Mi nuevo amigo Rafa Padró y mi libro de Bilbao, mi primer comprador


Ya se puede constatar la duplicidad domiciliaria (insular/continental), el sentirte en tu propio habitat con los cuadros perfectamente organizados. Paneles en los que dialoguen entre si los cuadros, jerarquías y distancia.  En la foto concibiendo mi columna periodística del martes.
Este es Rafa Padró con mi libro, el que me puso los cuadros, un hombre de gusto y muy singular, al que  regalé un libro mío De Bilbao a Bilbao, 40 años después, se fue a la librería y compró dos para unas amigas y hoy ha venido para que los dedique. Cuando hay que dedicar un libro siempre pienso si ha merecido la pena escribirlo, de la repugnancia que me produce. Por eso admiro muchísimo  a los que se esparcen para espolvorear su firma por ferias del libro, dándole a la grafología. Mi concepción de la escritura y el valor de ella en uno, me da que es muy poco común. 

                                                        
Este es Rafa y su moto, cerca de casa, es una 7,5 y mejor que las Harley Davison. Rafa se dedicó al ejercicio libre de la abogacía durante 20 años, luego contratado como asalariado en una empresa. Es motero que ha viajado a Marruecos, una vez  hasta Essaouira, también es músico que  toca varios instrumentos, en grupos, música de los 70 y siempre jazz, es hostelero, tuvo un local en el que cada quien que supiese podía  hacer música, barman, lector, individualista, radicalmente anticonvencionalComo mi hermano pero con habilidades.

                                               

Vive ahora justo enfrente, en la otra orilla de la  ría, con unos amigos en un palacio de Portugalete con jardín en el muelle, hay exsurfer, gente que vivió en San Francisco  de hippys, un neurólogo jubilado, tocan música en el jardín porque todos son también músicos y hacen documentales de cine, uno sobre el pintor Zuloaga.  

-Pero Rafa ¿cómo pudiste ser un señor advocat? me entristece solo pensarlo-

- Pues me gustaba la abogacía

-No me lo puede creer, si era tu negación ontológica

-Pues créetelo

Al final va a ocurrir que el músico, motero, hostelero y barman soy yo



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