Hubo un antifranquismo por la libertad junto a otros que no la querían, ya que perseguían algo muy superior: la revolución o el socialismo real (el conjunto de la extrema izquierda, todas sus siglas). Como reconocieron, por ellos mismos cuando jóvenes, entre otros, Javier Pradera o Jorge Semprún, como los más combativos contra el Sha de Persia fueron los seguidores de Jomeini. En cualquier caso, el conjunto del antifranquismo operaba en la realidad. El histriónico antifranquismo legislado, por devenidos antifranquistas en tropel, ya es otra cosa, pertenece a otro orbe psíquico, cultural y espiritual, que no se aviene nada a poder ser admirado y respetado. Ni tomado en serio; que lo tratan de conseguir con leyes y multas de indubitada estirpe franquista. Se da que los autores de esas leyes de memoria (y nuevo espíritu nacional alerta y partisano) sean dos estadistas (Zapatero y el doctor), precoces de la entereza moral (ideológica) y la nobleza intelectual, y precursores de los políticos profesionales de “primera hora”. Lo que los enlaza, como visionarios, también de “primera hora”, con José Antonio Primo de Ribera y Juan de Ávalos, desnudando a este Ávalos tapamos su Ábalos. Este antifranquismo imaginario y de auto atribución, un tanto cenagoso y fantástico, compensa su déficit de origen y realidad en el sujeto, agigantando el objeto de su pulsión. Fue como Hitler dicen los más incendiados, nunca Stalin, y argumentan que en Alemania no puede haber ningún signo hitleriano. Bueno, alguno hay, no se ha dinamitado la red de autopistas, inhabilitado las marcas Volkswagen, Porsche, ni las industrias punta. Cierto es que nuestros partisanos de chirigota no abogan por la voladura de todos los pantanos, ni las constelaciones de viviendas sociales, por no extendernos. En arte, especialmente E.U.R. de Roma, barrio racionalista y de un cubismo de fascista grandiosidad, que en 1942 con ocasión de la exposición universal levantara Mussolini, para conmemorar los 20 años del partido fascista, ahí sigue bien cuidado y visita obligada en Roma, para los amigos del arte y la arquitectura.
Juan de Ávalos es de otra grandiosidad más imperial y realista, pero estimable incluso para los que apenas apreciemos ese estilo y concepción del arte. Pero este no es el debate, sino el del patrimonio histórico cultural de nuestra ciudad, que no puede ser expuesto a los cazurros mundos obsesivos de verdaderos comisarios ideológicos y los lacayos de los quorum de opinión dominante hoy.
El antifranquismo de cancelación forma parte también de los fenómenos globales que actúan igual: todos han buscado su Franco, Hernán Cortés, Fray Junípero o Churchill, absolutamente desatados, como ISIS con Palmira, o los talibanes en Bamiyán.
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