domingo, julio 01, 2012

Del Tenis a Tombuctú

Tombuctú
Pasar del Casino, donde estuve hará dos semanas, al Tenis es como hacerlo de un country o club de polo de Punta del Este (Uruguay) a la sede de  una asociación nutricionista de Austin (Texas). Del paradigma aristocrático terrateniente inglés al modelo de los reformadores religiosos o laicos -señalemos como  socorridos ejemplos a baptistas del sur  o a los  saintsimonianos- que confiaban en sus propias fuerzas y en la mutualización de sus impulsos saludables y sociables de  pioneros. El Tenis carece de todo asomo de etiqueta, sea simbólica como imaginaria, que  el Casino exuda.

Ahora que triunfa el modelo antropológico del “reinventarse”  - el ser humano ignoró hasta hace bien poco la inmanencia de esos poderes y facultades de tan alta gama que en él anidaban-, mi hermano postula el modelo de la inmutabilidad del ser y el mundo. Como siempre, todos sus actos son litúrgicos; en nada hay una primera vez, una improvisación, un imprevisto o casualidad, todo es causalidad y procedimiento, como en los animistas del sur del Río Níger, que si no se enfrentan a los hechos más anodinos conforme a rituales prefijados pueden caer fulminados, lo mismo el interfecto.
Celebramos el grupúsculo de Termini el solsticio de verano, el núcleo inveterado y su anillo imantado, durante bastantes horas de conversación. Estuvimos más unidades que las últimas veces.
Ha habido épocas,   muchos momentos de desinterés absoluto por las conversaciones, me hallara donde me hallara. Solía decir Al por mí en Mijas:  Joe  -así me llaman allí- ya se está aburriendo. El  aburrimiento como eterna sombra acechante  y  aniquiladora. Era entonces partidario de las dislocaciones, las rupturas, los sabotajes al orden verbal provisto de sentido y  marco para los hablantes. El método de impugnación era el sinsentido, el culto a lo absurdo, lateral, trastocado,  irrelevante, todas los dislates posibles, como las interlocuciones con elementos ajenos al núcleo intersubjetivo  de la comunicación.
En el Tenis, sin embargo,  nada de eso ocurrió, funcioné como resocializado por las conversaciones  como tales en las que intervine, de interlocutor en interlocutor, de grupo en grupo, como lo podría hacer Nati Abascal, pero desprovisto por completo de su glamour.

Tres libros
Tres libros; el de Chukri –hay cotas literarias tan consistentes que es como si crearan el mismo alfabeto, deslindando territorios y aguas, la veta de la infinita ganga- sobre Bowles, con el que tomaba el aliento que me cortaba  la pesada biografía de Abd el Krim el Jatabi. Un libro cansino (556 pág.) por la profusión de  datos y menudencias para el vulgar lector e inhábil, supongo,  para el académico interesado en fuentes  bibliográficas precisas,  porque no las brinda.  Y para no separarme un milímetro de Marruecos, el ameno y bonito (ilustrado) libro del pintor romántico  Eugène Delacroix “Viaje a Marruecos y Andalucía”.

Tombuctú
Leo las noticias que llegan de Tombuctú, sumida en la orgía de la barbarie y la devastación a cargo de los islamistas de Ansar Dine -que están haciendo lo que los talibanes con los dos grandes Budas que volaron en Afganistán- una vez desmembrado todo el norte de Malí y  acabado con sus ingenuos aliados tuaregs. La Unesco ha declarado Patrimonio Mundial en Peligro a Tombuctú,  la ciudad de los 333 santos y gran  joya de la  arquitectura de adobe.
Ciudad  de santones, devotos, morabitos, de zagüías, mausoleos,  de prestigiosos  estudiosos del Islam, del aljamiado africano, de emires sabios y eruditos en el linde de la África negra, de un islam fronterizo, sincrético, heterodoxo…

1 comentario:

el escritor escondido dijo...

Nati Abascal es una monja de clausura comparada contigo...