domingo, diciembre 15, 2013

El cava catalán y el derecho a decidir

No soy político, tampoco periodista ni hombre de tono correcto que dice lo más común y pertinente  (anodino, repetido, superfluo) como si fuera resultado de una profunda elaboración personal. Soy sociedad civil, ciudadano, alguna vez activista.
Mis andanzas políticas multiformes siempre me han costado algo, hasta dinero en los últimos tiempos cuando las masas aclamaban al Bambi ZP: la tangibilidad sociopolítica de la infantilización de la sociedad europea, que hacía realidad teorías al respecto.
Escribía en twitter a cuenta de que los empresarios  de cava de San Sadurni de Noia se hubieran adherido a ese invento del DERECHO a decidir, omitido por Locke, Rousseau, Hobbes, la totalidad del constitucionalismo mundial, la inmensidad de las declaraciones de derechos humanos, las montañas de códigos legales, y obra del genio folclórico  político vasco-catalán, que no pensaba comprar cava catalán. No se me ha borrado nadie, nadie me lee.

Mi norma
Hace tiempo que decidí tratar a mis congéneres como personas adultas y responsables. Estaba harto de que siempre te tropezaras con alguien que  se te ponía de acreedor, al que tú y los demás les debíamos algo. Cogían, listos ellos, la posición de víctimas, perdedores, titulares de derechos sin obligaciones,  irresponsables, podían permitirse todo. Basta no reconocérselo tú, para que sus trampas vitalicias dejen de funcionar; me va muy bien, lo aplico en todos los lugares por los que me desenvuelvo. Lo recomiendo vivamente.

El independentismo catalán
Se creen con un derecho absolutamente unilateral, lógicamente no prevén la bilateralidad, la reciprocidad, son infantiles, irresponsables, no se plantean futuros escenarios de réplica y mera reacción. Les falta dignidad e inteligencia. El vecino despectivo, el que menosprecia, el que se separa, el egoísta que hace rancho aparte siempre es pagado con la misma moneda. En mi caso, cuando incurro, siempre lo preveo. Los independentistas solo cuentan con sus derechos, con su unilateralidad  y por supuesto  sin consecuencias. Parten de la imbecilidad del gaseoso derecho a decidir, luego no pueden prever consecuencias por la propia extracción del mismo del mundo fenomenológico. O meramente humano.
Un estudio muy concienzudo no solo auguraba un gran descalabro en la economía catalana sino también en la del resto de España. Es evidente que se las tendrían que ver con unos españoles adversos y calientes  en la materialidad de los hechos. Digo yo que les responderían con la misma moneda; no pasaría nada, no, sí pasaría.
De joven yo a la que  odiaba era a España y los españoles, pero a Cataluña… ¡por favor!,  como nunca odie a Liechtenstein ni a la Provenza, es que nunca me he fijado ni me ha parecido interesante. Me fijaba en el extranjero, en el original, nunca en Cataluña.  Me hice español por descarte, era lo único soportable -¡y vaya que acerté!-, no tanto los españoles, pero bueno es lo que hay.

3 comentarios:

Josep Antoni Pomal i Gros dijo...

Pues yo he decidido que no me regalen cava catalán, prefiero el champán francés. Tomen nota.

Taif dijo...

Yo si que te leo con cierta devoción.

Taif dijo...

Además, en medio del trágico ridículo, cada vez más sofocante e impracticable del independentista nacionalismo catalán, aquí en Barcelona, sentirse y ejercer públicamente de español empieza a tener perfiles épicos y en ocasiones tragicómicos ante tanta avilantez de las élites y sus rebaños de posesos. Han conseguido entre TV3 y demás gusaneo y alfombras periodísticas al servicio de la casta, ahora en excitación y delirio, que se vayan haciendo cada vez más inaguantables y vomitivos.
Salud!