domingo, marzo 10, 2013

En la Pompeu Fabra

Entraba en rebiun –catálogos de universidades- (si te quieres buscar, entras en google, pones Rebiun –rebiun absysnet-  y luego pones el autor) para mirar si El Sáhara como metarrelato había sido adquirido por alguna universidad, sin resultado alguno. Pensaba que por los recortes de las universidades –elegirían títulos poderosos- se quedaría definitivamente fuera, con mucho más mérito para estar que otros libros míos, por ejemplo de narrativa que no pintan nada (ULL, claro).
Pero el sábado se produjo la sorpresa, entré y  por fin apareció El Sáhara como metarrelato, y lo más estimulante viene a continuación, en qué universidad, las siglas que no te dicen nada  y que resultan corresponder a la mítica Universitat  Pompeu Fabra de Barcelona. He sonreído, no había amanecido.
Si en mi veintena me llegan a decir que iba a escribir y algún libro mío iba a estar en la Pompeu Fabra,-por su nombre catalán siempre  lo asocio/confundo  con  la Rosa Sensat (escuela), que es  mi referencia mítica y política-  hoy sería bastante más soberbio  y contundente en mi  hostilidad. A esa edad seguía sin saber que podía hacer con mi vida, y sucumbía  a trances reñidos con la autoestima, la claridad, el equilibrio, lo positivo... Cincelé mi personalidad en la lástima que me producía, de lo que me alegro ahora,  (no queda más remedio) y lo único que me interesaba era armonizar el izquierdismo democrático –ya era un outsider-  y la cuestión nacional vasca. Fue igual de candente y atormentador -era todo (delirio) lo que tenía-, que para Unamuno la   inmortalidad del alma y la resurrección de la carne, por lo que yo en cambio sentía total despreocupación.
Ha llovido tanto que la Pompeu Fabra, (o sea  la Rosa Sensat) significante que refulgía, ya es acicate para la nostalgia.
Eso fue el sábado, el viernes me enteré de que Línea líquida había encantado a una catedrática que no me conoce y por ello no sabe lo  divertido (y gracioso) que soy, y a otra amiga, que se habían reído mucho y que la catedrática quería conocerme y venir un día con nosotros…  Pobre.
Sigo con la literatura canaria, voy a la biblioteca, y a la librería del Cabildo los  sábados después de Mercadona, hablo con Ángel, veo y compro.  Tengo una visión panorámica  de los lomos de los libros,   y controlo muchos metros, más de 20.  A algún autor lo leo -si se deja-  en sus comienzos y mucho después, y así el arco  arquea.
Resulta que el libro de Isaac de Vega discurre parte en el Sáhara. Premonitorio. Isaac  de Vega en  un momento dado me recuerda a Ernst  Jünger (no a Rulfo como he leído). Constelaciones disímiles concertadas,  órdenes  simbólicos y mitológicos que  cifran  la vida, de súbito un realismo de actualidad pasada zarandea aquellos espejismos y emerge una realidad imperiosa y bastarda.  Choque de placas tectónicas, ahí estamos.  El quiebro no parece causar daños irreparables.
De Las Palmas me dicen   que mi último libro del Sáhara destaca en la bibliografía sobre aquel territorio, yo también lo creo.
 
 

1 comentario:

Anónimo dijo...

De mis lecturas dispersas... En el "Cuaderno Gris" de Josep Pla, cita algo Pompeu Fabra, ¿era lingüista y miembro de la Renaixensia cultural nacionalista? No recuerdo bien lo que decía del Pompeu pero como todo tantas cosas de Plá lo importante no es lo que dice si no cómo lo dice.

Tendré que releer ese libro del que como excepción soy el dueño.

Salu2, EDH.