sábado, octubre 02, 2010

Ernesto Delgado Baudet: la prosa del logos. Hoy en DA

Ernesto Delgado Baudet: La prosa del logos


El suplemento cultural  El persegudor de Diario deAvisos de hoy sábado, está dedicado a Ernesto, con textos de José Carlos Cataño, Elica Ramos, Coriolano González Montañez, Eduardo Delgado, Ernesto Suárez, Rafael Fernández Hernández, Riodolfo Häsler, David Galloway y este mío-.

Tras la muerte de Ernesto Delgado Baudet, leí en internet un informe biográfico sobre él en el que se aludía (aunque sin citarlo) a Habermas (incluso me permití adivinar a Gadamer), ya que hablaba de la acción comunicativa y la razón dialógica, campos, se decía, en los que estaba interesado o incluso investigando el escritor desaparecido. Ignoro si ha dejado algo escrito sobre esos trabajos, pero esos filósofos –el primero al menos- salieron a relucir en algunas conversaciones que mantuvimos.


No sería errado sacarlo a colación para el caso que comentáramos –como aquí ahora- su prosa. Y no lo sería, porque todas las posibilidades del logos (sus significados) cabrían para alumbrar al menos su prosa: razón, lenguaje, argumentación, lógica, demostración… Aun admitiendo que todo discurso o narración es obra del logos, no todos sienten su influjo con la misma intensidad, ni de igual grado resulta su virtualidad semántica, ni llegado el caso interpelan al lector ni a los actores de forma dialógica.


Para empezar, la obra narrativa de Delgado Baudet viene a coincidir con sus estudios de filosofía y alcanza su culmen avanzados aquellos. La porosidad entre una y otra actividad es por lo demás notable, aunque no lo sea sólo por las citas. La reflexión filosófica (con cierto método) cuando alcanza al escritor es para quedarse e influir, tamiz intelectual que se hará notar y no poco, cuando el escritor, como él mismo dice, se enfrenta a “una conciencia en permanente cambio” que persigue “la vivencia de lo múltiple”. Qué mejores armas que las conceptualizaciones y desarrollos que brinda el pensamiento, para acometer tareas como las pretendidas. Si la poesía de Ernesto Delgado es honda, concentrada y grave, la prosa es racional, analítica, argumentativa, extravertida y gozosa. Si en su poesía gobierna el espíritu que ha colonizado al alma, en su prosa el legislador es el logos.


La razón dialógica que puede encarnar Maestro Látigo, supone en el propio creador la incorporación de la reflexión filosófica y la descripción psicológica en beneficio del mejor fluir de la narración, ensanchándola por más campos y modulando distintos y nuevos registros, que imbuyen de mayor riqueza a su, ya firme, pulso narrativo.


El escritor en ocasiones elige la frase larga y la ondulación de las líneas para mostrar perspectivas felizmente organizadas en jerarquías y subordinaciones, y atenciones diversas que sirven para demostrar el poder literario que ostenta el escritor en todo el navegar de sus narraciones. Gracias a esos recursos, el yo ficcional puede ir dando cuenta, como un notario, de los distintos episodios, épocas y consecuencias de la historia. De forma que los espacios, tiempos o puntos de vista se pueden alternar, en ocasiones incluso como relato forense con la extraversión sensual por la geografía (el Desierto, el Caribe y Canarias constituyen el espacio físico y hedonista de su obra) y el tiempo.


La introspección, siendo elemento esencial de su escritura, jamás se torna trágica, ni siquiera pesimista, a pesar de incidir tanto en las profundidades del alma humana, sino filosófica. El poeta se ha borrado, cada género tiene su técnica.


El Delgado esteta y sensual de los perfumes, sabores, series botánicas o series de localizaciones geográficas de sugestivas resonancias, que conocíamos de su poesía también está presente en su prosa, con mayor prolijidad naturalmente. Tomando como única referencia las dos obras narrativas publicadas La argucia del general y Los cuentos de Sania, no podemos pasar por alto la crítica social ni la ironía, pero tampoco la visión piadosa del hombre.


Ernesto Delgado Baudet finalmente nos alerta de la ilusión de razonarnos, el logos finalmente vuelto contra nosotros mismos, que es cuando creo yo comparecería Hans Georg Gadamer para proponer aquel apotegma que parece seguir nuestro escritor: quien comprende ya está dentro del sentido de lo comprendido, es decir formando parte de la misma cosa que comprende. En este propósito radicaría el sentido profundo de su narrativa, que supone la total acreditación de oficio literario. Que lo tuvo.








1 comentario:

Anónimo dijo...

Él,Ernesto Delgado Baudet distinguía perfectamente a los pancistas de los honestos,a los mediocres de los excelentes,a los adornados de los cercanos, era muy inteligente, tanto, como para pasear por Praga, reflexionar, y darse cuenta que él no era Antonio Salieri.