martes, enero 06, 2026

El Día: Los trajes de Camps

 

Eran trajes hechos a la medida de Camps y finalmente no de la Justicia, pero no porque no se intentará que también lo fuera. Bueno, al menos, se logró su tipificación: un cohecho, aunque no en propiedad, porque resultaba ser impropio. Como alargado y bajo sombra. En el aluvión de procesos penales que afronta el nuevo régimen, en palacio y fuera de él, el gran surtido de cohechos siempre es sustantivo, o sea, cohecho. El periódico gubernamental hoy, prensa socialdemócrata siempre (para Arcadi Espada y Santiago González) ‘El País’, dedicó durante años 169 portadas a «los trajes de Camps». Me imagino que menos que el del Washington Post dedicara al Watergate, de posiblemente mayor relevancia. Hubo mucho ánimo misionero (protestante) en condenar el pecado sin lucro exponencial. Más que el acto en sí, la tentación significada (lo mismo con los trajes de sastre que con el reservado de Mazón). El último refugio evangelizador de la izquierda radica en su cumbre moral, como Zaratustra. De tanta altura y superioridad, aunque nada lírica. La hedonista, barroca, explosiva y festiva, pecadora y nutricia Valencia, se ve sometida a la fiscalización moral de la izquierda y sus hojas parroquiales: trajes, reservados al sexo, bebida (exalcaldesa Barberá).

Valencia tiene 18 partidos judiciales, de los cuales tres fueron los más sometidos al diluvio de la dana, que son Torrent, Requena y la afamada Catarroja; solo éste ha abierto una macrocausa. De forma que declaran, a instancia de la jueza, personas sobre otras que, a lo más, podrían ser llevadas a juicio como testigos (testigos de posibles testigos, como Feijóo). Como esas personas que declaran bajo una lluvia de insultos de asesina (también previsibles). Que fue el caso de la periodista Maribel Vilaplana, la cual pasó unas pocas horas en un restaurante con reservado con el expresidente Mazón, en una Valencia en la que no llovía. Cuestión que abrió ante la tragedia el sí previsible morbo, con una estimable propalación por convergencia de todos los elementos manejados. Hay una relación de imposible causalidad, cuanto mayor y potente sea un fenómeno natural, más dificultades tendrían los resultados de la incoación de un proceso penal. Porque a la instrucción del proceso lo que menos le interesa es que la dana fuera un fenómeno totalmente excepcional, porque atraería la fuerza mayor ¡y entonces cómo de mal quedaría la calificación criminal! Habría que consultar y pedir la pericial a meteorólogos y físicos, antes que a los hosteleros y los tickets de parking. La izquierda petarda e ignífera tiene ya una única baza que jugar, su presunta superioridad moral que ha de arrogarse en su orfandad circular; transhistórica, si se me permite.

Opinión | A pie de páginaJosé María LizundiaJosé María Lizundia  6 de enero de 2026

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