Conocí a Ernesto Delgado Baudet a través de Lizundia en una ya lejana presentación de algún libro y después, siempre en actos similares, coincidíamos (y confluíamos) invariablemente. Era yo quien lo buscaba. Nuestro trato fue muy esporádico pero disfruté todas y cada una de mis conversaciones con él, especialmente la última, en la que también estaba presente un particularmente lúcido Agustín Enrique. Sin saber cómo, y con todo aún inconcluso, en un momento dado de la noche que aún era pura potencialidad, lo perdí de vista. En mi caso, definitivamente.Me ha afectado profundamente, mucho más de lo que esperaba, la noticia tardía de su muerte. Me hubiera gustado poder hablar con él de su obra, que desconocía entonces y a la que, en parte, he podido acceder estos días. Me he quedado sobrecogido por su pureza y su falta de afectación, por su fatalismo aceptado de hermoso caído. He leído en algún comentario que había en él un dolor que le seguía punzando y una dulzura silenciosa que enternecía. Me pareció una descripción apropiada.Quedo en deuda con Lizundia por habérmelo presentado y con Ernesto por la conversación indefinidamente pospuesta. De un blog llamado “alcalima.blogspot.com”, en el que figura una breve pero magnífica selección de sus poemas, traducidos al gallego, extraigo lo siguiente:
“Necesito decirte que soy nada.
Esa circonita abandonada en tu arcón,
tu amor primero que marchó al recuerdo
o esa lágrima que airea por el puerto.
Necesito decirte que no sé del porvenir
ni de los niños que viajan heridos y solos.
Necesito decirte.
Necesito.
No sé, no sé nada, absolutamente nada”.
-“Preciso dicirche que son nada.
Esa circonita abandonada no teu arcón,
o teu amor primeiro que marchou para a lembranza
ou esa bágoa que aboia polo porto.
Preciso dicirche que non sei do porvirnin
dos nenos que viaxan feridos e sós.
Preciso dicirche.
Preciso.
Non sei, non sei nada, nada de nada.”
lunes, septiembre 06, 2010
domingo, septiembre 05, 2010
El Zar
Tras la misa por Ernesto, el Zar (Carlos) nos llevó al gran piso franco de la burguesía criolla y ganadera: el Casino.
Pasadas las 2.30 de la madrugada el Zar bailó con XY como yo solo le había visto antes en Bilbao, en la Otxoa, hace muchísimos años con una amiga nuestra también desaparecida. Como poco, sublime. Después cogimos un taxi que manejaba una mujer. XY, el Zar, mi hermano que había pasado por trances de bailar y bailotear pop y casi caerse, y yo.
En el taxi el Zar se puso faltón hablando de mamadas, de putas, que había en Bravo Murillo, diciéndole a la taxista que no le interesaba nada sus opiniones, y vuelta a las mamadas. Al llegar a la Plaza de la Paz, el Zar y mi hermano bajaron, esperábamos en el semáforo, cuando el Zar en medio de las vías del tranvía reparó en algo esencial, giró en seco y se dirigió a la ventanilla de la taxista, le cogio la mano y se la besó mientras decía "buenas noches, Señora". Y se fue.
La taxista suspiró. Ya le conocía de llevarle al aeropuerto. Que la noche así era bonita y divertida.
Pasadas las 2.30 de la madrugada el Zar bailó con XY como yo solo le había visto antes en Bilbao, en la Otxoa, hace muchísimos años con una amiga nuestra también desaparecida. Como poco, sublime. Después cogimos un taxi que manejaba una mujer. XY, el Zar, mi hermano que había pasado por trances de bailar y bailotear pop y casi caerse, y yo.
En el taxi el Zar se puso faltón hablando de mamadas, de putas, que había en Bravo Murillo, diciéndole a la taxista que no le interesaba nada sus opiniones, y vuelta a las mamadas. Al llegar a la Plaza de la Paz, el Zar y mi hermano bajaron, esperábamos en el semáforo, cuando el Zar en medio de las vías del tranvía reparó en algo esencial, giró en seco y se dirigió a la ventanilla de la taxista, le cogio la mano y se la besó mientras decía "buenas noches, Señora". Y se fue.
La taxista suspiró. Ya le conocía de llevarle al aeropuerto. Que la noche así era bonita y divertida.
Las tramas de la memoria
Este texto mío salió publicado en la revista Lúnula, del Ateneo Obrero de Gijón, patrocinada por el Principado y el Ayuntamiento de allí. Pretendo romper el tono que en honor a Ernesto ha mantenido el blog desde hace más de una semana. Ha sido hace un momento cuando me he dado cuenta que versa sobre la "memoria", aunque en otro sentido. Debe de tratarse de una elaboración inconsciente, porque lo podía haber colgado hace ya unos meses, cuando salió la revista, y se me ocurrió sólo ayer.La verdadera memoria es la que es susceptible de trenzarse a través de los olvidos. No hay memoria sin olvidos, como no hay noche sin día ni muerte sin vida. Para indagar en la memoria hay que escarbar en los olvidos, sin la catarsis de los olvidos no hay memoria posible.
Como nos enseñó Freud -a quien la alianza de la posmodernidad y el progresismo ha enterrado, previa disolución de su legado- los olvidos o parte de ellos son los lugares que, declarados inexistentes, almacenan lo reprimido, lo que no se quiso recordar y fue conveniente desechar de forma inconsciente.
Borges, por medio de Funes el memorioso, alertó sobre el riesgo de una memoria sin olvido. El olvido es sagrado y la función psíquica que cumple es necesaria y fundamental, teniendo mucho que ver con la posibilidad de "volver a comenzar". Las reminiscencias diurnas dan forma y nuevo curso, en las construcciones oníricas, a los hechos vividos; la anámnesis ilumina y dota de contenidos a la conciencia.
La visión retrospectiva de los cosas, el mero flashback es algo que, injerto en el presente, permite mirar a un pasado que llega sin interrupción ni vacíos hasta el presente, y que es de muy fácil y rápido acceso. La remembranza inmediata no es más que una expansión natural del presente, que se encabalga sobre el pasado y futuro aboliendo sus fronteras. Pero la memoria no es una retrospectiva desde el presente sino un "hacer" como revelan expresiones como "haz memoria" o "estuve haciendo memoria". Cuando la memoria echa mano de su facultad cualificada de prospección significa que ya ha violado las fronteras del olvido y se está anexionando sus territorios pantanosos y en penumbra.
En realidad la condición para la memoria es el olvido, a él van a parar las redes con las que es posible "pescar" en sus cardúmenes, para luego extraerla como material recuperado del océano de la desmemoria. No hay titular distinto de la memoria que el individuo, y no hay tramo o condición de posibilidad temporal para articularla que el ciclo vital de cada quien. Es tal la importancia del olvido que tanto el psicoanálisis como antes la hipnosis confirieron a él y no a la memoria, el origen y fuente de los significados más profundos y determinantes. A diferencia de todos esos heraldos del olvido continuado durante todas las décadas posibles (por lo pronto permanecieron emboscados el franquismo entero), hasta cuando la oficialidad más mostrenca (que no había oído hablar del fascismo hasta entonces, y que tampoco habría actuado de tener edad) llamó a memorizar, yo dudo de la validez de la memoria, por tratarse en buena parte tarea o falseada o caduca para quien la ejerce. A esta conclusión llego cada vez que leo libros de memorias, género el memorialista muy de mi agrado.
Aún sin poder respaldarme en dato alguno, sospecho que la inmensa mayoría que han escrito sus memorias han querido, desde la niñez o la adolescencia a más tardar, dictarlas alguna vez. Por eso cuando llegan a su ejecución lo hacen bien pertrechados de notas, agendas, diarios, manuscritos, porque muy anticipadamente consideraron que ese día se presentaría y que tendrían que difundir su contenido.
Hay ocasiones que los libros de memorias me sorprenden por toda la recopilación de datos e información que son capaces de ofrecer: observaciones minuciosas, diálogos precisos, ordenada cronología o pensamientos aunque desfasados bien estructurados. Con lo que vienen a demostrar que la memoria no es la potencia que ha desarrollado el libro, sino que ha sido el material conservado para ese fin el que ha servido para sistematizar lo vivido que se quiere mostrar. Una tarea de sucesivos presentes (como son los diarios) mucho antes que de memoria. Hace dos años o menos que leí un libro de memorias de un autor desconocido para mí, aunque de mi misma añada, que versa sobre los años 70 y que da cuenta de la obra y milagros de mi generación (incluido el minúsculo puñadito que estuvo combatiendo al franquismo, ajeno a la memoria y enfrascado en el futuro). Me llamó la atención cómo el autor en aquellos años pero también en anteriores ya iba registrando todas las circunstancias y experiencias que atravesaba, en una montaña de agendas, cuyo fin último desde que inició sus tempranas anotaciones no fue otro que ese libro autobiográfico y generacional. Libro que en absoluto podemos considerar como un caso extremo o excepcional sino corriente, pues podría referirme a otros más.
Por tanto, soy de la opinión de que el memorialismo no es obra de la senectud o de balance de la experiencia de la vida, sino una decisión de la niñez acompañada de la férrea determinación de formalizarla mucho después de aquel propósito. Incluso creo que en muchos casos aquella decisión prematura de dar cuenta solemne de la vida por vivir, es lo que les impulsó a sus autores, como señala la teoría psicoanalítica, a dar el lustre y relevancia que era preciso dar a la vida pendiente de ser vivida para poder cerrarla con la gloria de la autobiografía, un género pomposo y senatorial. Quienes en verdad desearon con una fuerza ciega y poderosa justificar la vida compendiándola de hechos relevantes, o tal vez servir de ejemplo o suscitar interés para coetáneos y venideros, consagrarían sus vidas a alcanzar esos resultados urdidos en la niñez. Pero eso difícilmente lo contarán.
Llegado hasta aquí, es momento de postularme como circunstancial y fortuito contraejemplo. Si soy bloguero y escribí un diario (Diario de un abogado mundano) que abarcó 6 meses de mi vida, alguna autoridad tenía para asomarme al memorialismo. Mi diario no es que no siguiera los patrones o impulsos del memorialismo ( tantas veces los diarios no son más que memorias solapadas llevadas al día), sino que en esos seis meses siempre prescindía de mí (como eventual "voz rigurosa y sería"), para describir lo que dictaba una conciencia sonámbula, atorrante y fugitiva, amén de descreída, resuelta a no tomarse en serio ni un segundo, siempre sobre hechos colaterales y curiosos buscando acontecimientos que desde el punto de vista objetivo en absoluto lo eran. Creo que un empeño de este tipo muestra una actitud enemiga de cualquier veleidad, incluso encubierta, de memorialismo, el género infantil por excelencia. Aunque como lector persistiré en esas lecturas.
jueves, septiembre 02, 2010
Misa por Ernesto Delgado Baudet
MISA
por
ERNESTO DELGADO BAUDET
Sábado 4 de septiembre de 2010, a las 19:00
Iglesia de San Francisco
Santa Cruz de Tenerife
martes, agosto 31, 2010
El eco dejado hoy por Ernesto Delgado Baudet
En un borde de la calle Heraclio Sánchez, al final y después de Magisterio, hay un parque (que no sé como se llama) con un kiosko. Hace unos pocos años, de visita en casa, nos contó cómo tenía allí un verso, estaba contento. Allí está, sobre hierro.
http://www.diariodeavisos.com/2010/diariodeavisos/content/25130/
http://www.laopinion.es/cultura/2010/08/31/adios-delgado-baudet/301664.html
http://w.eldia.es/2010-08-31/cultura/10-poeta-tinerfeno-Ernesto-Delgado-Baudet-fallecio-fin-semana-isla-natal.htm
http://www.canarias7.es/blogs/bardinia/2010/08/en-la-muerte-de-un-escritor.html
http://www.diariodeavisos.com/2010/diariodeavisos/content/25130/
http://www.laopinion.es/cultura/2010/08/31/adios-delgado-baudet/301664.html
http://w.eldia.es/2010-08-31/cultura/10-poeta-tinerfeno-Ernesto-Delgado-Baudet-fallecio-fin-semana-isla-natal.htm
http://www.canarias7.es/blogs/bardinia/2010/08/en-la-muerte-de-un-escritor.html
Las entradas habidas a Ernesto
MISA por ERNESTO DELGADO BAUDET
Este sábado 4 de septiembre a las 19:00 horas
Iglesia de San Francisco. Santa Cruz de Tenerife
Quizá reconforte o sirva para mitigar por un breve lapso de tiempo el dolor por la pérdida de Ernesto Delgado Baudet, a familiares y amigos, las entradas que se han producido en este blog con su nombre, es decir queriendo saber de él, buscándole en la red tras su fallecimiento.
Al disponer de contadores puedo saber la gente, el número de personas, que entra al blog, los países de procedencia, la palabra o palabras que las han dirigido al blog, el idioma y sistemas o servidores empleados y poco más.
Normalmente me entran bastantes decenas de personas en visitas individuales, un centenar en páginas vistas (que son las sumas de impresiones), y poco menos de 100 en sesiones. En agosto son siempre más bajas las visitas.
La muerte de Ernesto ha disparado por completo las visitas, como nunca antes se había producido. Ayer lunes, de visitas, que durante el mes de agosto se situaban entre 30 y 50 han pasado a más de 150; en páginas vistas, que andarían ahora por 50 ó 60, han saltado a más de 400, y las sesiones que andaban por 70 o menos, han pasado a 200. Como digo en 24 horas.
A Ernesto se le ha buscado de todas las formas posibles, entrecomillado, como poeta Ernesto D. B., como escritor EDB, EDB Canarias, por lo que desde la Península también le han buscado, también poniendo primero los apellidos y luego el nombre…
Es evidente la repercusión instantánea y masiva que ha tenido su fallecimiento, solo en este blog.
Todas estas personas hemos tenido algo en común, que ha sido pesar y dolor, aunque claro, según el grado del vínculo. Y pérdida. El vacío, la falta, el hueco de Ernesto nadie la va a colmar, siempre quedará, por eso es pérdida porque no hay restitución.
Algo de nuestras vidas también se ha ido y nos quedamos sin otra referencia afectiva existencial. Ernesto descansa para siempre, ahora sí tiene descanso, lo que sirve de consuelo.
El interés de tanta gente, las frases que hemos leído… quizá debiera dar pie a pensar en concentrarnos en algún homenaje mayor del que habíamos hablado, para no dejar fuera a nadie.
Ernesto ha dejado cosas escritas, seguro que muchas y variadas: prosa, que era una nueva tierra de promisión, además muy promisoria y verso, pero supongo que más cosas.
Espero que alguien, familia y amigos, ordene y seleccione la última producción. Esa es la única falta que podemos colmar, y que sería imprescindible realizar.
domingo, agosto 29, 2010
Adios a Ernesto Delgado Baudet
Cuando le conocí a Ernesto, en casa de Carlos Gaviño, tendría 23 años (él), además de un golf, una cartera de clientes, mujer, dos hijos, algún premio de poesía, era considerado como un poeta extraordinario a quien hasta Pérez Minik había ensalzado, y un exquisito conocedor de perfumes y licores. Parecía que fuera amigo de Guy de Maupassant y de Oscar Wilde. Pero esos dos estaban medio refundidos en Gaviño que estaba vivo, por lo que era amigo de éste directamente. Una especie de mentor entonces.En la casa de Carlos de la calle la Rosa te sentías como en Madrid, Barcelona, París o La Habana y por allí pasaron Modest Cuixart, Antonio Saura, Armas Marcelo, Carles Santos, Nivaria Tejera… De forma que para mi Tenerife era demasiado Europa y demasiado mundo, el desenvolvimiento más natural del cosmopolitismo empírico y con raíces. Gaceta de Arte, la exposición surrealista, las vanguardias todo aquello tenía presencia viva, era historia reversible, actualizable. Nada que ver con el aire que ahora se respira. Los seres individuales y libres eran de verdad cosmopolitas, mundanos, liberales, abiertos, pertenecientes al mundo, transgresores a más no poder, sensuales, cultos, bastante sofisticados, infinitamente hedonistas…
Quienes veníamos de fuera no podíamos evitar ese choque con una novedad y fenómeno tan fuerte.
Allí se leía a Pierre Klossowski, a quien Gaviño había conocido en Paris, se hablaba de la condesa de Noailles, de Sir Roland Penrose y creo que fue Ernesto quien me dejó Bajo el Volcán de Malcom Lowry. Un gurú. Que Gaviño poco después fuera todo de blanco, con pay pay y boquilla como de Lauren Bacall a las presentaciones del Círculo de Bellas Artes era lo más consecuente y discreto.
Ernesto era como hasta el otro día, fino, educado, buen conversador, guapo, culto, inteligente, sensible, con talento, muy hedonista, muy oral y tenía un punto de sofisticación sensualista en materia de perfumes y tejidos que a mí me chocaba. Era un teórico de la cocina de Bocuse y de bebidas, sobre todo licores.
La simpatía y afecto por Ernesto fue inmediato, cuando se separó, se fue una época a casa de Gaviño, y nos veíamos a diario en el Círculo de Bellas Artes, el Botiquín, el bar de Anita Mercury y en casa de Gaviño, había muchos peninsulares, todos huidos y con biografía (demasiados muertos), y muchos italianos (de similar porte). Luego sucedieron los problemas en los trabajos, en los que intervine. Cuando le conocí tan joven y tan provisto de familia y cartera de clientes, y con una vena tan literaria, me pareció que se había saltado entera la juventud. Le empezó a faltar el trabajo y luego el dinero, y no me pareció que estuviera en el empeño de la recuperación de la juventud, sí en todo caso en demolerla.
Ernesto me vendía colecciones de libros y un par de cuadros. Venía a casa y descendía al mundo subterráneo, ctónico. Se fue a vivir al monte, a una casa que fue de su padre, cuando ya acumulaba enfermedades. Luchaba contra el alcohol. Si a alguien he visto que le gustara el alcohol, que lo saborease, que le gustara hablar de él y que lo conociera, era él precisamente. Sentía que no pudiera beber y seguía siendo un placer hablar o estar con él, y me traía sus libros cuando salían.
Una vez obtuvo la invalidez, su vida, lejos ya de grutas oscuras, callejones sin salida, dolor y desolación, se abrió en varios frentes. Se matriculó en Filosofía que ya la estaba terminando. Este año me dijo sonriente: “Es un problema, voy a terminar la carrera y a ver qué hago después”. “Pues no la termines”, le contesté, a la vez que se hizo un activista sobre cuestiones de salud, tratamientos, comisiones bioéticas, lo que le hacía viajar y contactar con grupos de la Península, como organizar actos y jornadas.
En casa nos hablaba con verdadero empuje de esas cuestiones.
El valiosísimo joven poeta, a pesar de los años de dificultades e infortunio, siguió siendo el poeta conocido y respetado por todos. Mantenía una sólida reputación, a pesar del parón en la publicación.
Pero vuelve a la escritura, a la poesía, los suplementos culturales y la narrativa. Vuelve a ser premiado, ahora en relato corto por Caja Canarias en el 2005 con La última argucia del general. El relato no desmerece del título. Ahora tiene ganas de narrativa y me da alguna cosa para que lo lea.
Recopila poesía –una dedicada a mí, por cierto y hoy justamente impagable- en La custodia de cerbero y saca ese libro, que nos quedará para siempre, Visiones de Praga. En él, lo acabo de releer, oiremos a Ernesto para la eternidad, es él quien está en su más pura y profunda esencia: una voz y una visión que son sus modos más propios de ser, aquellas que algunas veces sólo intuíamos. Todo lo demás no son más que aproximaciones y tributo.
Al mediodía he ido a casa de Carlos Gaviño (algo de Gaviño he creído reconocer en Ernesto) y ha aprovechado para llevarle ese libro que Ernesto le había dedicado a Carlos. Se ha emocionado.
Ernesto siempre tan generoso, cuando yo creía que a Miguel Espinosa prácticamente solo lo conocía yo, me regaló un libro de él que había leído hacía años. Cierto que no conocía a Ossip Mandelstam y entonces fui yo quien se lo regaló. Hace poco me llamó para que le leyera algo, y por lo que escribí de su Cuentos de Sania me comentó que nadie le había escrito tan a favor o con tanto cariño. Todo el inmenso que le tenía.
En abril pasado o por ahí, Carlota Gaviño recitó en La Gramola unas poesías en homenaje a su abuela Pilar Lojendio, y me encontré con Ernesto, nos abrazamos y nos dimos unos besos. Me confesó su última hora. Era un poco más sobre el mito de Perséfone Koré que debía habitar 6 meses en el Hades. No había nada que decir. El siempre fue dueño de su vida, como lo demuestra como desanduvo caminos y se atrevió a grandes giros y nuevas pasiones y compromisos, en la medida que uno puede ser dueño de su vida, claro.
La obra de Ernesto tiene la medida exacta, los versos y párrafos precisos para que toda ella sea de alta calidad y el respeto como escritor que nunca decayó aumente con el tiempo.
No se puede despreciar en absoluto, ni contraponer al hipotético valor único de la literatura, su pasión por el estudio del pensamiento a través de la carrera de filosofía que casi culminó, y cuya influencia comenzaba a ser perceptible en su literatura, ni aún menos su activismo en las comunidades de enfermos, los dilemas bioéticos, la clínica al servicio de la moral y de la libertad humana (le interesó mucho un libro que le regalé de otra filósofa, Beatriz Preciado). Habla el libro de la libertad de controlar y disponer de la propia diferenciación sexual con la autoadministración de testosterona. Sabía que el libro le iba a interesar, por lo que suponía de abolición de horizontes, por traspasarlos.
Ernesto no es un héroe trágico marcado por el destino (aunque estemos a veces tentados a creerlo), pero aunque así lo fuere dispuso de enormes márgenes de libertad para proyectarse sobre las vertientes más afiladas y amenazadoras pero también sobre los valles más fértiles y luminosos. No se conformó con uno, no se conformó con nada. Igual es que ya era tarde.
El entierro/ incineración
Ernesto falleció hace cinco días. No sufrió, estaba sentado cuando murió. Se percataron de su ausencia sus amigos, Elica Ramos, tan amiga de él.
La misa se ha celebrado hoy domingo a las 15:30 en Santa Lastenia. Mucha gente para la urgencia de llamadas. Agustín Enrique Díaz Pacheco, Fernando Senante, Cecilia Domínguez…
Al escritor, poeta y amigo Ernesto Delgado Baudet. De Sonia Muñoz
Asunto: al escritor, poeta y amigo Ernesto Delgado BaudetPara: soniplan2003@yahoo.esPalabras no tengo en estos momentos, me queda solo el recuerdo del amigo E.D.B. y uno de sus poemas, que se inspiró en una de mis fotografías de eros/piedra, quiero recordarlo así, con su mensaje de un poeta y amor a la naturaleza...Quedará por siempre en mi corazón, el recuerdo de su poema y de muchos otros...
un abrazo fuerte, a distancia y eterno
sonia muñoz
sábado, agosto 28, 2010
Ha muerto el poeta Ernesto Delgado Baudet
Es la noticia terrible que acabamos de recibir. Ha muerto en Bajamar. Esta mañana hojeaba cosas de él en internet, ajeno a todo. Estamos a la espera de que nos indiquen el tanatorio donde llevarán el cuerpo.Aquí cuelgo lo que escribí sobre el libro de él "Los cuentos de Sania"en el suplemento cultural de Diario de Avisos. Sea de momento mi pequeño homenaje.
viernes, agosto 27, 2010
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