martes, mayo 07, 2024

Este debió ser el título: Final de mi artículo de martes, 4 de diciembre de 2018: Begoña Gómez, la consorte activa

OpiniónJosé María Lizundia

‘Begoña Gómez, la consorte activa’

En la pregnancia y acomodo de lo inaudito, en esas estamos. Lograr que lo excepcional, improbable, contra costumbre y convención, lo descartable, rijan convertidos en nomos y ethos alternativos, prefiguran la distopía orwelliana. Cuántos elementos del doctor cum fraude podríamos hacer encajar en 1984, la gran obra de Orwell. La feria de abril de los mecanismos psicoanalíticos de proyección y transferencia, que operan negando los códigos de la realidad semántica y comunicativa, en discursos y homilías del gran sacerdote se han vuelto aún más inverosímiles. Concebidos en cinco días de absentismo auto otorgado. Contra Weber y la teoría política: ni existe la ética de la responsabilidad, ni la de convicción, todo es maniobra. Todo lo que se hace y ejerce por ellos mismos, lo imputan a sus enemigos jurados (la Anti-España): jueces, periodistas independientes, la derecha; los bulos, insultos, desmantelamiento de la democracia. Aunque lo consistente y unánime es su psicopatía y narcisismo, ahora ha enriquecido su personalidad con rasgos esquizoides puros, por sus desdoblamientos de personalidad, todo lo que él hace, dice y desea, aunque hayan sido desmentidos, lo atribuye al otro. Tras de sí su cohorte de papagayos que repiten idénticas consignas (mismos sintagmas) sin el menor rubor, la maquinaria del barro y letanía de bulos.

A esto se suma la más tremenda cursilería, arrebatos emocionales y sentimentaloides, ñoñería, ofensivos para adultos. Detrás de todo ello, finalmente ha aparecido la esposa Begoña Gómez, que ya apuntaba sobradas maneras. Todo está siempre prefigurado, insinuado, premonitorio, indiciario, difícil después llamarse a engaño. A continuación, el final de lo que publiqué en estas mismas páginas, el martes, 4 de diciembre de 2018, con el título Begoña López, la consorte activa

Me sorprendió muchísimo que, tras la inesperada dimisión de Rajoy, Begoña y el doctor tardaran 24 horas –ni un comando del SEAL– en tomar la Moncloa. Ninguna cortesía del vencedor, sino el ansia desesperada del ocupante, en congruencia en significación, una cadena de premuras de nuevos ricos megalómanos: renovación y urgente del parque móvil, multiplicación de asesores áulicos, regado de canonjías a los fieles del partido (presidencias de empresas públicas) y posados sin medida. Después el viaje para ver a The Killers, la euforia aeronáutica, el vestuario It girl o influencer, con viajes de placer por California y Canadá, sin tener que fichar ninguno de los dos, rubricaron su programa hedonista. Se sumaron simulaciones principescas, y el desasosiego de aspirante a primera dama con asaltos clamorosos al protocolo. Pero no resultaron una pareja relamida y cursilona, por su punto Bonnie and Clyde de aprovechamiento sin escrúpulos del botín alcanzado. ¡Desarmados!

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