jueves, junio 20, 2013

¿Un 4º blog sobre religión?

Dada la banalidad de mi  propia vida  y las circundantes, hace que cobre aún  mayores valores  cromáticos  el actual viaje  de E. y S. -de boda en Beirut- por Líbano.  El primer correo fue de Estambul, donde  esperaban ansiosos el vuelo a Beirut. El siguiente, ya en destino,  de plenitud mediterránea oriental. Han subido ya a los montes del Líbano, visto el parque natural de cedros, y han cruzado ese lugar legendario,  y fértil en agricultura y contiendas  civiles varias, que es  el  valle de la Beká, próximo a Siria e Israel. Ha comido E.  una de las mejores  veces de su vida, teniendo en cuenta que es de fino paladar, habrá sido manjar.
Para no extenderme demasiado, están alojado en la zona este (musulmana), próxima a una gran mezquita, pero fronteriza de la oeste cristiana, "llena de bares", en una ciudad bullanguera como Tel Aviv, dice E.  y con un zoco de productos lujosísimos. Creo que ese es el sunita, y que el chiíta está al sur de la capital.  A cuenta de esto, veo que la religión es un tema recurrente en mi caso. Unas y otras. Si tuviera menos años y más tiempo, de ponerme a estudiar algo sería Historia de las  religiones, sin ningún género de duda.
No me atraen nada los textos piadosos, sagrados o místicos. Sería incapaz de leer a sus autores o los apócrifos. Lo que me gusta en cambio es su repercusión antropológica, psicológica social, histórica y en general cultural. Es decir,  siempre como hecho externo cognitivo y nunca como algo interior y vivencial. No es que haya decidido que sea así, sino que simplemente ocurre de esa forma.
 De las tres religiones reveladas la figura que peor me cae es la de Jesucristo, la propia figura  y sus epígonos en rescate de  presunta  pureza de orígenes. Los de Jesucristo Superstar, teología de Liberación y compadres,  no los cristianos. Cuando alguien (inteligente y de gran personalidad)  en mi presencia lo reivindica, yo inmediatamente desaparezco, y me cuido de no tratarle más  en el futuro. Dicho lo cual, sí me parece fundamental el significado especial que tiene Cristo, aunque siempre  gracias a Pablo, y el cristianismo en la cultura universal, como gran factor de  humanización  del mundo pagano y sacralización  del  ser humano. Ese dios hijo/hijo dios no lo tiene ni el judaísmo ni el islam, cuyo patriarcalismo no admite mitigación ni contrapunto en su rigor.
El cristianismo ofrece el dato empírico por histórico, de que es posible la separación del poder temporal, el laicismo,  cosa mucho más dudosa en el judaísmo (aunque concurren condiciones muy extraordinarias) y con el islam, no digamos.

 

 

 

 


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