viernes, noviembre 01, 2019

Literatura discursiva o de no ficción

 Cuando escribí El ensayo en la literatura canaria fue cuando de forma definitiva comprobé que la forma literaria más bella florece con mayor suntuosidad en los jardines del ensayo. Y en concreto en los ensayos de la subjetividad, la impresión sensible, el vuelo majestuoso o impetuoso de la imaginación, tantas veces en la intersección del ensayo con la poesía (¡cuántos cultivan los dos!).  Ese tipo de ensayo era precisamente el que yo confrontaba, venía a ser el opuesto al que buscaba, que era el ensayo del pensamiento, de la argumentación y los juicios lógicos. Leí el primer tipo de ensayo para conocer lo que se había hecho y cuales se ajustaban al tipo de ensayo buscado que era el ensayo intelectual crítico. Resultaron pocos. Francisco Aguilar y Paz, Blas Cabrera, María Rosa Alonso, Juan Manuel Trujillo y Juan  Manuel García Ramos, lecturas que  hube de hacerlo  para poder escribir aquel libro, No entraban los mazacotes de filosofía y otros académicos, por no ajustarse al marbete de literario.
La novela no se sustenta en la forma literaria aunque precise de ella de forma instrumental, sino en la imaginación fabuladora, el entretenimiento,  y las historias con los personajes contados, son su naturaleza e ingredientes. Salvo cuando alcanza cotas muy altas y crean verdaderos universos que resumen la vida, o la  experiencia de vida intensa y compleja antes, a lo más,  solo intuida.
Viene a colación porque tenía el último libro de Martin Amis, pendiente de  lectura. Soy admirador entusiasta  de Martin Amis como de Julian Barnes y no tanto de sus amigos del  grupo de Amis: Rushdie, McEvan, como del gran Christopher Hitchens.
Hacía demasiado tiempo que no leía a Amis, más ocupado en leer sobre África, el islam, historia y ensayo variado. Un placer enorme reencontrarme con Amis.
El libro recopila artículos, intervenciones y escritos  sobre una pléyade de escritores notables pero también de política, incluso campañas electorales de EE.UU. Es todo pura literatura, literatura  a espuertas, llena de humor, de enfoques inverosímiles, de apreciaciones finísimas, experiencias personales, arrebatos imaginativos, espaciosos entreveros de ficción, todo mezclado.
Por ejempla la candidatura de Trump es tan  despiadada y divertida, como por completo ajena a todo lo que hayamos podido leer sobre él. No hay géneros, tal vez para una élite sí.

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