Fue el otro día, tenía de frente el sol del atardecer, aún
vivo. Él iba a la punta del antiguo embarcadero del jet foil, yo volvía. Él hablaba
por el móvil e iba por el interior, pegado a la antigua estación marítima, yo por el exterior. Dibujando una
horizontal perfecta fui decidido a
interceptarle de frente. Dije su nombre y añadí “y sus muchachos” “Los dioses
de la inteligencia”.
Sonriente y nervioso va
a darme la mano, “¡Hala, venga!” y prosigo mi camino. No sé si llega a
mascullar algo. Es al segundo que le dejo con la mano a medio camino en poco
tiempo.
Hoy en Termini cuando llego hay dos sentados en una
mesa. Uno de ellos, más o menos colega,
aparte de trabajar muy feliz y ser dicharachero (sin puta gracia) y simple,
nadie le toma en serio, es bocazas, correveidile, imprudente y, como todos, muy
cobarde, que es el valor en alza. Estoy deseando que alguien me dé dos hostias.
Se lo quería decir ante más público pero todo se mejorará, está
con un compañero y le espeto “el hábil heredero mercantil de P”, y plantado frente
a él se lo vuelvo a repetir pero con mejor vocalización “el há-bil he-re-de-ro
mer-can-til de P”. Intenta disolverse. Me siento cerca porque estoy esperando a
mi hermano. Va el otro a pagar, este progre de nuevo cuño y mercantil al
marcharse va y me saluda. Me dan ganas de tirarle la cerveza.
Se lo cuento al marqués por teléfono “¿y te ha saludado?”.
Que sí.
Hará un mes me encontré con Titulares, burócrata profesional
y una auténtica nadería, la persona que más suerte ha tenido en la vida. Le
saqué al mundo durante unos 10 años, pero de esté daré a su debido tiempo mayor
información.
Se mosqueó al verme, estaba solo, le llamé Titulares a grito pelado varias veces, todas me rehuyó.
¿Qué vienes de la playa? Lo suyo no es
el trabajo tampoco, más bien el aire.
Tuve encontronazos frontales con siderúrgicos hace
años, además estando ellos acompañados y yo solo. Se me debe ver el ánimo y la
decisión porque gané yo. Hubo mucho riesgo de recibir. En esa ronda, a un
abogado le di un carterazo disimulado, pero con mucha intención, que hizo no
acusarlo.
La última vez en el callejón de Gaza a un antisemita ahí sí
que fui a por él, a cualquier precio.
Qué quiero decir con todo esto, pues muy sencillo, que somos
el resultado de nuestra vida y de todo lo que hacemos y hemos hecho. Si no has estado en unas cuantas películas es
raro que te salgan las escenas.
Soy emigrante, vasco, bloguero, projudío y promarroquí y
tengo muy mala hostia. Que los demás no lo sean y tengan, es su problema.
No hay comentarios:
Publicar un comentario