domingo, agosto 25, 2013

Hannah Arendt

 
Para un fiel seguidor de Hannah Arendt su película ha supuesto un doble placer: verla ¡por fin!  y comprobar la extensión de su popularidad  (que no de su conocimiento), lo que  no está nada mal.
Viendo esta gran película, meditaba sobre si había habido en el S XX un pensador político de su talla, y a pesar de recordar a muchos, no encontré ninguno equiparable. Quien más se podía parecer  era Isaiah Berlín. Como me recordó un amigo, éste no la tragaba y lo decía, le era literalmente indigerible Arendt, quien nunca se refirió a él. Pura envidia. Comentaba hace poco un compañero de las lecturas del casino, que Isaiah Berlín había reconocido que no tenía el suficiente talento para ser un pensador político, por lo que se conformó con ser un historiador de las ideas, campo en el que no pudo ser mejor, con toda la brillantez que ofrece el academicismo británico: máxima claridad  conceptual,  mayor rigor analítico y exquisita exposición, y que  tanto nos ha enseñado. Pero no es Arendt, Arendt es solo ella.
La película de Margarethe von Trotta tan solo recoge un libro, que es un compendio de los artículos, para el New Yorker, de la cobertura del juico de Eichmann en Jerusalén, (libro que  populariza el célebre sintagma de la banalidad del mal), y las consecuencias para ella de ese libro. Es de las primeras, como dijo mi hermano a la salida del cine, en señalar la implicación de los Judenrat (consejos judíos) en el exterminio judío colaborando con los nazis (hacían las listas bajo una coacción terrorífica).
En la bibliografía de Arendt se trata de un libro  circunstancial, no teórico que es en los que se desarrollan  sus ideas políticas.
Dicho esto,  la película dice lo esencial del entorno de Hanna Arendt: sus dos etapas con Heidegger, cuando le dirige el doctorado sobre San Agustín (así es esta judía y la idea de la vita activa) y es su amante, y cuando tras la II Guerra Mundial regresa a Alemania a indagar sobre  su reflexión sobre el nazismo (tras su penoso Discurso del rectorado de  1933 en la Universidad de  Friburgo a favor de los nazis), que es ninguna. La judía Arendt asombrosamente  respeta a Heidegger. A quien se le aplicaron las leyes de desnacificación pero, como casi todos, estuvo poco tiempo inhabilitado.
Hannah en la época del doctorado con Heidegger
En la película sale mucho Mary, cuyo apellido fui incapaz de recordar con los amigos después de la película,  que era su gran  amiga Mary McCarthy, escritora y profesora norteamericana.El amigo judío alemán que al final de la película le reprocha su proceder es el célebre filósofo judío alemán (como ella) Hans Jonas, el gran pensador ético (la ética del S XX es judía: Buber,  Levinas, Jonas, Cohen… )  de la ecología, que extiende la responsabilidad humana al cuidado del medio y  los animales.El amigo Kurt de Israel al  que va visitar  tras el escándalo por su libro, yo pensaba que era Gershom Scholem, el gran estudioso  de la Cábala, que sionista, como lo fue ella y activista en París en los años 30, emigró pronto a Palestina. Scholem rompería con ella por los artículos del New Yorker, igual que el de la película, Kurt Blumenfeld.
Nos queda su marido (segundo), Henrich Blücher, que ya advierte  en la película que ni siquiera había terminado el bachillerato, lo que es cierto. Fue un trabajador manual comunista que formó parte de la Liga espartaquista con Karl Liebknecht y otra gran teórica, Rosa Luxemburgo (creo haber leído que Von Trotta va hacer una película sobre ella).  Curiosamente tanto Isaiah Berlin como Hanna Arendt admirarán a la militante y teórica comunista polaca. Creía en la democracia y el pluralismo (y en la espontaneidad de las masas y en la huelga general revolucionaria).
El que luego será su marido, combatiente contra el nazismo, habrá de exiliarse. Es un alemán ario.
De joven conocí a algunos trabajadores manuales  revolucionarios que no hacían sino leer, y eran expertos en Mao o Troski, la revolución rusa,  la permanente o la guerra popular prolongada del campo a la ciudad…Hubo una izquierda proletaria que, aunque ahora parezca imposible dada la concentración de analfabetismo, se formaba con los clásicos del marxismo, y eran amantes de teorías,  la historia y la discusión. Aunque algo menos que Henrich Blücher.
Llegó a tal punto su  formación autodidacta, que cuando se le ve en la película coger su cartera de profesor para ir a dar clase, no lo hace a ninguna academia o centro de mayores, sino a la New School  for Social Resaerch, sin un trozo de título que echar al currículo. La valía y preparación solamente.
En Hanna Arendt se han dado circunstancias esenciales: no es inscribible no ya en corrientes de pensamiento o ideologías  sino que tampoco en campos teóricos, ni pertenece a todo el área socialdemócrata, pero tampoco al conservador o liberal clásico. ¿Dónde está entonces? Pues en un lugar intermedio por encima de los  mapas coloreados. Lo más que cabe decir  es que es una republicana radical, aunque no en el sentido garrulo de nuestra paleoizquierda. Es la gran adalid del republicanismo o lo que ella y Habermas llaman las  libertades antiguas, es decir la participación y responsabilidad  políticas. En lo más alto de la escala social, no está el homo laborans (del trabajo doméstico) ni el faber  sino el de la participación en la esfera pública. El alto valor y máxima dignidad de la ciudadanía está en la polis.
El peor enemigo de todo ello y que abre las puertas al fascismo es el hombre aislado, deshumanizado y atomizado,  el hombre masa manipulable, el que no se integra en clases sociales  ni en las preocupaciones de la sociedad civil. Arendt es adalid de la participación en el ámbito de la política (reino de la libertad y el heroísmo), superior al social. Nada digamos del ámbito privado donde difícilmente puede haber realización y reconocimiento imprescindible.
Los dos grandes libros de Hanna Arendt son Los orígenes del totalitarismo y La condición humana.
Esta autora ha sido justamente revalorizada con el tiempo, cuando el ámbito intelectual o era marxista o liberal incrustado en la Administración americana era una autora de minorías. Lo que les ha ocurrido a otros, que el tiempo les ha dado la razón. Tal  fue el caso de Albert Camus o Raymond Aron con respecto  aquel destrozo humano y político que fue Sartre, ya definitivamente inhumado.
Nuestra autora también dará réplica a Heidegger y a su ser para la muerte que ha enterrado cualquier brizna de metafísica. Frente al ser para la muerte  o el ser del ente arrojado al mundo, Arendt propondrá el volver a empezar, el re-nacer. A la muerte, la natividad.
Originalísima es su distinción entre revoluciones políticas (la americana: liberal y garantista) y sociales (dirigidas por burgueses que terminan en Robespierre y el Imperio o Stalin y el Gulag).
Sus estudios sobre el judaísmo  son imprescindibles como, ya dicho, de San Agustín.

6 comentarios:

Taif dijo...

Excelente aproximación.

José María Lizundia Zamalloa dijo...

Gracias Autoridad, en un océano de opinadores de amateurismo escalofriante

Anónimo dijo...

LUÇIAN; ESTOY ESPERANDO QUE ESCRIBAS ALGO, COMO ANUNCIASTE, DE NUESTRO QUERIDO PALA. O NO SE SI YA LO HICISTE Y NO ME ENTERE.
ESPERO NOTICIAS.

BESOS.
R.W.

José María Lizundia Zamalloa dijo...

Que sepas que hay cuerpo expedicionario Termini, a la conferencia de Bilbao, de finde desde el jueves

Anónimo dijo...

YO TB IRE EL JUEVES DESDE SEVILLA Y EL DOMINGO BUS A MADRID.

BESOS.

R.W.

José María Lizundia Zamalloa dijo...

Thats great´s news