domingo, noviembre 07, 2010

Excepciones culturales


El viernes a las 20.30 se celebra es ese espacio mágico que es el TEA, un magnífico edificio, la presentación del libro de relatos de Javier Hernández, que viste jersey, como siempre, a rayas horizontales. Me cae bien y fui, es un adicto a la palabra, más comedido que cuando le conocí en la radio. Dicen que es un buen escritor del género negro. La literatura por géneros me resulta de difícil intelección, debe ser porque siempre he estado distanciado de todos los géneros. Me parece una concepción medievalista y gremial, artesanal, de la literatura una vez traspasado el XIX.
He pasado por la vida sin haber leído una sola obra de ciencia ficción. Ni Lovecraft ni Asimov ni el resto de duendes, nadie. Me gustaría poder decir lo mismo de otro género que aborrezco a distancia que es el policial, pero lamentablemente leí los 10 negritos de Agatha Christie. Lo digo porque añoro la pureza del vacío. Sí leí a Corín Tellado y a Marcial Lafuente Estefanía aunque apenas para poder presumir de haberlo hecho.
Con Agustín Enrique, el finisecular y su novia fuimos al Tanque. XY, cansada, desertó, como dejó caer que lo haría. Yo estaba sin llaves, como mi hermano, en aquel momento decanable/ rango secretario de los Sres advocats, cuando comprobó que no las llevaba consigo en una cena y determinó suicidarse. “¡Ten dignidad, búscate razones existenciales para el suicidio que seguro las encontrarás y no temas domésticos!”. Me hizo caso, luego, quiero creer, de avergonzarse.
- Me esperan Rafa y compañía.
- Los comunistas ¿siguen siendo comunistas?- me pregunta Agustín Enrique
- La verdad es que lo llevan como pueden, no ves que tienen todo el Materialismo histórico en contra, por no entrar en el dialéctico. Si al menos fueran hegelianos podrían disimular mejor, alabando al Espíritu absoluto encarnado en todo aquello que se moviese.
En el Tanque había algo de clase media refinada adicta a la sensibilidad, la finura y la imagen. Supongo, porque no distingo bien. Enseguida percibes que son incapaces de odiarse a sí mismos, lo que les infunde de cierto vestigio de vulgaridad.
En la barra del kiosko injertado en el Tanque estaba la Mujer Superior: Mari Elba.
- Acaba de estar hablando de ti con tu amiga, se acordaba de tu nombre, está por ahí- me dice.
- Quién ¿mi paisa?
- Claro, N. la vasca, le di tu blog.
- Pero si la odiabas.
- Yo nunca la he odiado…
- Bueno, la detestabas…
- En absoluto, si somos amigas, es una chica estupenda.
Me voy donde Rafa y señora acompañante, tras tanta refutación. Vuelvo donde la Superior.
- ¿Me pones otra unidad?
- ¡Qué manera de beber! ¿con hielo?- me sorprende porque tomo esbirras. Creyó que le daba al güisqui.
- Si la anterior era la primera, vengo de una presenta donde solo daban aire. Soy de natural muy oral y ansioso- le informo.
- Yo también soy muy ansiosa… depresiva- reímos, así de genial es la Mujer Superior, quién la vez anterior refulgió e hizo cabrillear y rielar a la vascongada, también superior y de una pieza.
Hay una chica joven embutida en un vestido muy mono, muy guapa que lleva una mochila como para ir de camping, una imagen muy MoMa, calle 53, N.Y. Luego veo a una artista cerúlea de labios electrificados que da gritos en inglés.
- Actúa mañana, cantaba con Lou Reed- me dijo Mari Elba. No le pregunté si con la Velvet porque exudaba Manhattan por toda su blancura.
Me acerqué a la actuación en el centro del tanque, era Chicago y había tanto público como el que estaba en la zona del kiosko y patio. Todos desaparecidos. Al salir al exterior oigo mi nombre completo, me giro y una chica que estaba sentada en el bordillo se levanta apartando el móvil. Una figura juvenil, dulce y sonriente se me acerca.
- Pero si eres tú, estoy buscando a mi… ¿Estás hablando por el móvil?- le preguntó para continuar (hablando) o proseguir (andando).
- Si con mi… - si no ha cambiado debe ser el vasco canario que vive en Madrid
- Bueno, pues nada, a ver si nos volvemos a ver



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