Me preguntaba un amigo sobre que haré en Washington, y le contesté que estar. Una semana solos con Arun, y llevarle al colegio. Bueno yo con parihuelas (bastones nórdicos). Para mí, Washington se ha convertido en una de mis ciudades, aunque no la conozco demasiado (museos de arte contemporáneo especialmente aparte), pero sí más que cualquier turista, la he saboreado y lo sigo haciendo. Me fijo en todas las personas con las que me cruzo, cuanto más anodina y vulgar y alejados del canon (ejes: WASP y negro) estén, más. Cómo se sentirán ellos norteamericanos y lo que intuyo tienen de ellos. Es donde veo la grandeza de la nación, en lo más común, el espacio, la calle compartida. 
El museo nuevo que más me ha gustado es el Afroamericano, porque refleja de maravilla la importancia decisiva y simbólica, de los negros en Estados Unidos, muy por encima de su número. Son, aunque no lo parezca, el 13%.
Acabo de remitir a la editorial Euskera: de la función comunicativa a la totémica; emigración e invierno demográfico
Este museo, al aire libre en muy buena parte, está en Maryland, a una hora de Washington. Espero que mi hijo me enseñe el Departamento de Estado, ya me enseñó el Banco Mundial y el IRI, y mi nieto, su colegio español.
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