A tres años de la masacre y barbarie islamista en Israel
Hoy, miércoles 7 de octubre, se cumplen tres años de la masacre y barbarie del terrorismo islamista en Israel. Falsedades y fake news han sido difundidas por los grandes medios que terminaron legitimando la narrativa y las cifras amañadas de los terroristas y, desde diferentes campos de lucha (activismo, periodismo, política), muchos se prestaron a tergiversar la realidad para dañar a Israel.
La UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) permitió su infiltración por terroristas de Hamas y Yihad Islámica, hoy está siendo investigada porque 1.500 de sus miembros han tenido alguna participación en los ataques terroristas del 7 de octubre. Finlandia dejará de financiar a dicha agencia este año; le precedieron en esa decisión Estados Unidos y Suecia. Recientemente ha hablado el fotoperiodista de Gaza Motaz Azaiza, premiado y reconocido en Occidente, quien revela que Hamas controlaba la cobertura de la guerra y organizaba ataques contra periodistas que se apartaban de su línea. Azaiza admite haber filmado a rehenes israelíes siendo golpeados en las calles de Gaza el 7 de octubre, pero deliberadamente decidió no publicar los vídeos para proteger las identidades de los agresores. Ahora mismo la BBC está siendo cuestionada por sus decisiones (des)informativas que favorecieron el relato de los terroristas. Así estamos.
En su nuevo libro sobre Israel y la guerra: Gaza: la transubstanciación de una guerra, José María Lizundia acude al concepto transubstanciación metafóricamente para analizar la mutación de la guerra que no es un asunto puramente de territorio y fronteras como matizan algunos, sino que pretende ya sin edulcorantes el exterminio judío y la eliminación de Israel para que su Palestina llegue, finalmente, del río al mar, como ha dicho Sira Rego, ministra de Pedro Sánchez, al servirse aclarar la posición del gobierno español haciendo suyas las consignas de los terroristas de Hamas y sus simpatizantes alrededor del mundo.
Los ensayos y las reflexiones del escritor y abogado español develan aquí su pertinencia práctica al acercar su mirada clarificadora. Lizundia no teme llamar las cosas por su nombre y, con sensatez y realismo, habla de lo que en efecto ha sucedido, superando lugares comunes y mentiras. Su mérito es doble: no sólo por su abundante producción intelectual sobre el tema en sus columnas de opinión semanales en estos tres años, sino también porque, habida cuenta del clima antisemita que reina en España, potenciado sin pudor por el actual gobierno, sus ministros y su militancia, Lizundia, como de costumbre, se aparta del rebaño (mediático, activista, cultural y político) para desmentir las falacias difundidas por todos estos.
La guerra de Gaza, observa, ha adquirido relevancia global pese a que no es el único conflicto internacional ni el más mortífero. Hay conflictos con mayor cantidad de muertes y devastación en Sudán, Siria, Irán o Yemen, pero estos no generan la movilización que sí logra la causa palestina. Se omite deliberadamente el accionar del terrorismo islamista contra los civiles israelíes (incluidos bebés, mujeres, jóvenes, niños) que desencadenó la respuesta de Israel tras el 7 de octubre y que los terroristas esperaban ansiosos por los réditos que obtendrían a nivel global.
Antisemitismo inducido
Los islamistas sabían desde el primer momento que no tenían la mínima posibilidad de vencer a Israel militarmente. Apostaron, en cambio, por la victoria propagandística y moral: «Su fin estratégico han sido las propias bajas porque esto cotiza en un mercado moral amañado", dice Lizundia.
La prensa internacional no ha podido recuperarse de su deriva semántica, sostiene el autor. Hamas es la que ha decidido qué se publica, cuáles imágenes, incluidas escenas fabricadas y los términos y conceptos a utilizar. Todo ello ha potenciado el antisemitismo en Occidente desde el 7 de octubre de 2023. "Gaza fue la promesa de una derrota total con el rumbo no previsto a una situación inédita ( ) una apuesta maximalista de todo o nada", puntualiza el escritor español.
Muchos parecen anhelar un estado de guerra perpetua, empezando por los terroristas. Han aborrecido la implicación decidida del Estados Unidos de Donald Trump, que forzó a Hamas y alteró el rumbo de los acontecimientos, así como el plan de paz y hasta la referencia que hiciera el presidente americano a una Riviera del Medio Oriente hablando de Gaza. Les resulta inaceptable que ese lugar pueda ser moderno, hedonista y desarrollado. Nada de ello rimaría con el extendido y mal llamado "genocidio" para hablar de las bajas en Gaza, empezando porque es difícil, sino imposible, determinar y diferenciar con exactitud la cantidad de civiles y de terroristas muertos, toda vez que los segundos usan a los primeros como escudos humanos con aquiescencia de muchos de ellos; todos serán mártires de su causa y no hay mayor honor que este. Los túneles y las demás tácticas son los métodos y usos instrumentales de una población adoctrinada desde sus primeros años de vida para llegar a ese final.
Odio desde la cuna
Que mi casero marroquí, un hombre amable, servicial y generoso, tuviera como fondo de pantalla de su teléfono móvil al terrorista Yahya Sinwar cargando a un niño que sostenía un fusil y hablara con fascinación de Petro por «todo lo que el presidente de Colombia hace por Palestina", o que prestigiosos intelectuales, activistas, feministas y profesores universitarios marroquíes agitaran virtualmente sus consignas sumándose a los festejos de los terroristas el mismo 7 de octubre, mientras circulaban los videos de las mujeres violadas y masacradas por Hamas es elocuente del nivel de daño cognitivo generado por el fanatismo y la obsesión por esta causa.
Salvo el escritor Tahar Ben Jelloun, coincidimos con Lizundia, no recordamos a ningún otro intelectual marroquí que repudiase en voz alta las acciones del terrorismo islamista el 7 de octubre de 2023 en Israel y que fuese consciente de lo que esto iba a generar.
Académicos españoles, recuerda Lizundia, han hablado del 7 de octubre como "una operación militar" y hay quienes interpretan en la barbarie islamista una "gran lección" para Israel y, luego, en medio de innumerables puestas en escena, shows y hasta la famosa flotilla, auténtico «crucero de vedetismo y voluptuosidad», agitan «genocidio» en Gaza. Intelectuales militantes, activistas, prensa y políticos ya se encargaron de banalizar el concepto. Desde el gobierno español hasta el populista y pretendido líder del sur global, Gustavo Petro, han satanizado a Israel y hecho suyas las consignas terroristas, pero en concreto el relato del genocidio no se sostiene.
Los terroristas, pero también civiles, gazatíes y, en sentido amplio, palestinos, árabes musulmanes e izquierdistas alrededor del mundo han reivindicado las acciones (violaciones, decapitaciones y asesinatos de más de 1.200 civiles y el secuestro de decenas de otros ciudadanos israelíes) perpetradas por el terrorismo islamista. Hamas ha contado con el enorme favor de la autodenominada progresía internacional. Lizundia nos deja constancia de la estigmatización y la sucesiva escalada, casi inagotable, de acciones inamistosas contra Israel, entre otros, por parte del jefe de gobierno español Pedro Sánchez, pero este no ha sido el único. Todos leyeron y aprendieron el libreto, la carta fundacional de Hamas, para sus puestas en escena, pero, ¿de veras pretendían que Israel no se defendiera tras lo que sucedió el 7 de octubre de 2023?
No hay, de momento, un dictamen de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que indique que la acción defensiva de Israel pueda considerarse genocidio. Es la CIJ el organismo encargado de pronunciarse a ese respecto, no Sánchez, ni Petro, ni sus militantes.
(*) El libro "Gaza: transubstanciación de una guerra" de José María Lizundia estará disponible en librerías próximamente.
(**) Clara Riveros es autora de Sexo, pudor y poder. Debates del siglo XXI en el norte de África (Alhulia, 2021) y Autocracia, democracia y constantes vitales en el reino magrebí (Alhulia, 2023)
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