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El abogado y escritor español, José María Lizundia, ha estado observando y escribiendo sobre la marcha de los eventos acaecidos en Ceuta estas semanas. El agudo ensayista anticipa, en breve, la publicación de un nuevo libro con su análisis y reflexión respecto a la que ha denominado “autólisis de Marruecos”.
Clara Riveros: Transcurridos varios días de la invasión de Ceuta, en estricta definición de la RAE, se han contabilizado al menos un centenar de fallecidos tratando de alcanzar el enclave español en el norte de África. Pero, todavía hoy, son miles de jóvenes los que permanecen acampando en las playas. Los ceutíes están al límite de sus posibilidades y capacidades para soportar las consecuencias y los costos de esta invasión con todas sus implicaciones. ¿Qué opina, como español, de lo que está ocurriendo en Ceuta y de sus implicaciones y consecuencias?
José María Lizundia: Las relaciones políticas se restablecerán, las de los pueblos no. Más no se ha podido hacer por el hundimiento de la imagen no ya de Marruecos, que también, sino de los marroquíes entre los españoles. Todo ello se traslada a Europa. Se ha logrado acrecentar exponencialmente unas categorías que pasan a inscribirse en el inconsciente colectivo: recelo, prevención, desconfianza, sospecha, peligrosidad, suciedad (hay demasiadas imágenes incluso escatológicas). Negación radical de su país.
La invasión será perjudicial más que para Marruecos para los marroquíes. Como efecto secundario, el monarca va a contribuir notablemente a fulminar a su servicial Doctor Sánchez. Era un espejismo que avanzáramos hacia una convergencia de civilizaciones. Los golpes de grandeza: 70.000 transfronterizos y 130.000 espectadores son magnitudes desmesuradas como puedan serlo sus consecuencias. No olvido la carta de 2021 de los 250 intelectuales hispano marroquíes, ahora silentes.
Las anexiones territoriales, pese al derrotismo generalizado actual, son de muy difícil consumación. Lo que sí es muy fácil y muy prolongado en el tiempo es el desprestigio de comunidades y de países. Las fronteras y las mentalidades ya son otras. ¡Qué autólisis!
Pedro Sánchez, su exención moral y cognitiva, reluce cuando atribuye la invasión de Ceuta, reconociendo que se ha violado la integridad territorial de España a ‘las mafias’. Eso supone un desprecio total a Marruecos: al monarca, al gobierno y al majzén, porque, este ser tan poco dotado y delirante no debería dar a entender que Marruecos es necesariamente un Estado dominado por las mafias, sin posibilidad de control sobre su Policía, sin servicios secretos, sin gendarmes fronterizos, ni gestión del transporte por carretera, sin capacidad de impartir órdenes y gobernar; sin ningún poder recaudatorio en manos de las mafias -si han cobrado, tirando muy a la baja, 500 dólares por 60.000 migrantes da 30 millones: es mucho dinero cuyas cuotas sustraen al majzén, Hacienda, monarca y estadios.
C.R.: ¿Qué sustento jurídico o legal tiene esa reivindicación de Ceuta y Melilla que hacen en Marruecos?
J.M.L.: No creo nada fácil, pese a todos los temores y pesimismo repercutidos, que una anexión territorial pueda triunfar. Sin un solo título de Derecho Internacional, de los varios posibles, ninguno; tampoco históricos, ninguno; ni culturales en su multiculturalidad. No concurren condiciones históricas, jurídicas, territoriales o culturales para cualquier cambio del estatuto jurídico político de Ceuta y de Melilla.
Desde el punto de vista histórico institucional Ceuta y Melilla siempre han pertenecido y sido territorio español, sin interrupción desde hace seis siglos. A pesar de su enclave en el continente africano han resultado indemnes a todos los avatares de la historia con sus eventuales cambios de titularidades. Tampoco constan disputas y enfrentamientos interiores entre facciones o etnias en la convivencia de culturas y religiones distintas con ámbitos particulares de culto, cementerios, festividades, lo que siempre se aduce como motivo de multiculturalidad, convivencia y tolerancia. No existen convenios, tratados bilaterales con Marruecos o multilaterales, tampoco mandatos o protectorados internacionales, acuerdos temporales entre potencias que prevean cualquier tipo de reversibilidad de su estatus nacional. No hay base alguna en el Derecho Internacional para dar cobertura legal a una modificación de soberanía. Ni Ceuta ni Melilla hacen parte de los 17 Territorios No Autónomos que quedan en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas donde sí ha estado el Sáhara Occidental y sigue estando Gibraltar. De intentar persistir en esa extemporaneidad habría que atenerse a la voluntad de la población que, parece del todo improbable, que optara por Marruecos en detrimento de España y Europa.
Melilla pertenece a España desde 1.497, antes que Navarra en 1.515. Aunque resulte increíble, 18 años antes de la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla (1.515) ya forma parte de ella Melilla (1.497). Ceuta, conquistada por Portugal en 1.415, hace parte de España desde 1.580 cuando fue incorporada a España por la unión de las coronas de España y Portugal. El reino de Marruecos está a siglos de nacer.
Allal al-Fasi, fundador del partido Istiqlal, tras la independencia de Marruecos en 1956, es partidario de la restauración integral de Marruecos, incluso de allá donde no ostentó nunca la soberanía. Se recuperan los dos protectorados, francés y español, la ciudad internacional de Tánger, Sidi Ifni, incluso el Sáhara mucho después. Faltarían Ceuta y Melilla. Pero, ni Ceuta ni Melilla hacen parte de los 17 Territorios No Autónomos del Comité de Descolonización de la ONU, como sí lo está, por ejemplo, Gibraltar. Soy partidario de la pertenencia de Gibraltar al Reino Unido, ello genera la verdadera diversidad del Estrecho.
Si a pesar de la ausencia de cualquier titulo jurídico, histórico y cultural se forzase la desmembración de su país secular, solo cabría recurrir a la voluntad de la población a pronunciarse y los españoles de las comunidades, tanto cristiana como musulmana, están perfectamente integradas y representadas en la institución autonómica de las ciudades y son ejemplo de convivencia multicultural. No hay dato alguno para suponer que los españoles de religión musulmana quisieran dejar de serlo para pasar a ser marroquíes. Mucho menos tras la invasión de más de 60.000 marroquíes dirigidos por Rabat. Valga decir, el comportamiento ha sido ejemplar, proporcionalmente hablando, y los incidentes escasos. Es difícil imaginar ese comportamiento en París, en barrios de Bélgica o en Londres.
C.R.: He oído en estas semanas a cierto progresismo español decir que lo de Ceuta ha sido una estrategia de Marruecos, en alianza con Israel y Estados Unidos, para perjudicar o dañar la imagen del gobierno progresista de España. Dudo que sea de esa manera, pero, sí me inclino a pensar como el corresponsal del diario español ABC en Washington, David Alandete, quien sugería, semanas atrás, que Marruecos actúa como lo hace, digamos envalentonado, al saberse que mantiene una relación sólida con Estados Unidos y de apoyo por parte del presidente Donald Trump. Y, por otra parte, el antisemitismo promovido por el gobierno español también ha generado que israelíes salgan en apoyo de las reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, sabiendo que la cooperación entre Marruecos e Israel ha avanzado tras los Acuerdos de Abraham como legado de la primera administración Trump. Todo ello tiene lugar mientras la relación entre España y Estados Unidos se ha deteriorado ostensiblemente y Marruecos sí ha sabido aprovechar el momento y cuenta con un lobby muy fuerte en Estados Unidos, especialmente entre los republicanos, dispuestos a agitar y a desempolvar los intereses marroquíes postergados hasta que se resolviera la cuestión del Sáhara. ¿Cómo lo percibe usted y cuáles serán las ventajas comparativas para Marruecos? No veo qué puede ser eso tan grande que podría obtener después del apoyo al plan de autonomía para el Sáhara…
J.M.L.: De lo que ha generado en Ceuta solo se pueden derivar perjuicios. Deja en evidencia a su mejor aliado, Pedro Sánchez, y menoscaba su continuidad. Ha unido a los ceutíes en toda su diversidad en defensa de su españolidad y la pertenencia de Ceuta a España. Los magrebíes en España forman en parte una comunidad, que está ahí, en cierta medida hostil a su integración, sin necesidad de abdicar de su identidad, como lo hace la mayoría. Amén de núcleos de marginalidad. Otra realidad. Lo que es percibido por los españoles como ocurre en el resto de Europa. Y las imágenes de Ceuta no ayudan precisamente. He oído hablar de boicot a los productos marroquíes, supongo, también, que el malestar y la desconfianza incidan en el decrecimiento del turismo en Marruecos, por menos turistas europeos y españoles este año. El perjuicio para la fama, para la imagen de Marruecos y de los marroquíes, principalmente, esto es, el desprestigio de la comunidad marroquí mayoritariamente va a aumentar.
Insisto, es muy difícil anexionar un territorio. El procés catalán mostró la solidez del Estado español y, en términos militares, España todavía es superior a Marruecos. Por otra parte, la opinión pública mundial, las instituciones, por ejemplo, europeas, no van a respaldar las pretensiones de Marruecos. No hay título jurídico para abrir ese dossier en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. El Sáhara Occidental sí ha estado ahí y dicha cuestión también ha estado en el Consejo de Seguridad. Ceuta y Melilla no. No hay ninguna base para hablar de descolonización. No hay posibilidad de invocación o título legal. Parece improbable que la población de Ceuta renuncie a pertenecer a un Estado de derecho con libertades, con pasaporte español y europeo.



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