Fue Karl Marx quien lo pontificó: «La religión es el opio del pueblo». Al siglo siguiente, los comunistas, espoleados por el esquematismo simplista de su doctrina, hicieron de las iglesias de la URSS almacenes, graneros, establos, con persecución sañuda de la religión. Como en China y en toda la geografía dispuesta para su redención mesiánica. El desenlace, más de 70 años después, se escenificó cuando los iconos eran bruñidos, los frescos limpiados, altares bendecidos, y los comunistas arrodillados. Solo cabe calificar el viaje del Santo Padre a España como un éxito rotundo, el cristianismo español es un fenómeno de masas capaz de medir su fuerza donde la evidencia es mayor: en las calles. Poniendo de manifiesto la fenomenal crisis institucional española y los vacíos simbólicos agudizados. Todo parece dar a entender, que el peso de la religión no deba medirse necesariamente por su culto y cumplimiento, sino en el anhelo, el deseo, la búsqueda, que ya lo venían anunciando las procesiones, especialmente andaluzas, y las festividades populares y romerías. Pero también por los jóvenes. La izquierda mineralizada y atonal apuntaba como causa a la derecha, extrema derecha, Vox, y no como recomendaba Maozedong: al análisis concreto de la realidad concreta. Cuando leí a Carl Gustav Jung, que la religión correspondía a una función psíquica, me quedé con la copla. Jung era el del inconsciente colectivo, los arquetipos, la sincronicidad, mucho más sabio que el conjunto de la bancada azul, tan zafia y amiga de lo ajeno.
Opinión
En cuanto al Papa León XIV; sucesor del XIII de la encíclica Rerum Novarum, ha sido unánime el aprecio a un Sumo Pontífice muy insigne, carismático, verdaderamente humilde sin el teatro y falsedad de Francisco. Leí a Jorge Bustos algo que no sabía, la relación entre Ratzinger (Benedicto XVI) y Jürgen Habermas, por el que este le reconocía que su ética intersubjetiva sin referentes metafísicos era insuficiente, y que, de acuerdo con Ratzinger, la intuición religiosa podía servir para complementarla epistémicamente. La visita del Papa a Canarias, como es sabido, venía motivada por haberse constituido en puerto de llegada de la emigración africana con destino a Europa, y la magnitud en pérdidas humanas que se cobra el Atlántico.La inmigración constituye un verdadero problema en Europa, fracasados multiculturalismo británico, asimilacionismo francés, gastarbeiter alemán, con mejor suerte para el comunitarismo norteamericano. Como no se cansan de denunciar Trump y su gobierno, a medida que los países europeos van endureciendo las medidas para controlarla. Algunos países lo van corroborando, estando en cabeza Escandinavia, bastión de la socialdemocracia, que se sabe en una nueva era y que Europa va asumiendo con su Pacto sobre Migración y Asilo, que el doctor Sánchez parece dispuesta a rubricarlo. Aunque sea posando un par de metros del resto. La alternativa, y es cuestión de tiempo, es Belfast y más en nombre del cristianismo que de Abascal.
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