El libro Sumisión tuvo mucho éxito, una ficción con asiento en la realidad , social y cultural; sobre esas bases sociológicamente ciertas, trazaba una evolución muy coherente y verosímil para llegar a una conclusión: el islam político terminaría imponiéndose en Francia. El desarrollo narrativo era muy verosímil, y las deducciones muy lógicas. Se basaba para ello en la alianza de una izquierda, muy debilitada ideológicamente (se adelantó al wokismo), que trenzaría alianzas con partidos islamistas, siendo deglutido por ellos en base a lo que ellos mismo predicaban.En Francia surgió el concepto de islamoizquierdismo, esa conjunción que ha dado cumplida demostración en Europa contra Israel y los judíos hechos genocidas. Sin embargo, en los países musulmanes se apostaba por los acuerdos y la paz, interviniendo activamente para que eso fuera posible. Los tratadistas progenocidio israelí califican a esos países musulmanes de monarquías absolutistas, reaccionarias, despóticas. Como si los hechizantes fueran Irán, hutíes, Hamás, Hizbolah. En el augurio razonado desde la ficción de Houellebecq falla una previsión, cual es la reacción europea ante esa tesitura agónica, con la que nadie cuenta, o unos pocos. Uno no haría de menos a los europeos, por si acaso. Evidentemente el fondo de todo ello es la inmigración, no cualquiera, solo la ilegal y determinadas acogidas benévolas. No he escuchado a nadie que esté en contra de la inmigración, ni siquiera Vox, como a nadie que no considere vital su afluencia. En contra de lo que sostenía Houellebecq, no parece cabal que una civilización tan pujante y universalista como la cristiana vaya a dejarse desaparecer, o mermar drásticamente sin resistencia. Hay que presuponerles el conatus essendi de Spinoza: perseverar en su ser. Ese impulso no es solo político (de la extrema derecha), sino sobre todo y básicamente cultural. Que es el de las masivas manifestaciones de decenas de miles, que se ven en Dublín, Londres, no políticas. Escandinavos, Meloni, y ahora el resto de los europeos quieren controlar la emigración. Nuestro doctor y su patulea, buenistas bobos, siguen un cristianismo primitivo (pro Hamás: atentamente agradecido).
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