sábado, septiembre 17, 2016

Reportaje presentación de Las ruinas del sindicalismo





Estaría de acuerdo con que calificar  a la presentación de mi  último libro “Las ruinas del sindicalismo” de muy bonita, puede resultar  incluso bastante auto ultrajante, por la pleamar de cursilería que inunda más que sugiere,  pero he buscado adjetivos y no se me ha ocurrido nada  mejor, y no me he quedado pensando como si se tratara de un sodoku. He considerado un  atenuante: que los sentimientos son de natural cursis. Al final no sé qué soy más: si racionalista abstracto y metafísico o  sentimentalista adolescente. Resultó que  hasta  hicimos caja, según  mi mano derecha, brazo armado, secretario personal, socio, que es Rapso o Rapsi (Ale en la intimidad), algo que te priva del halo literario de maldito, loser, incomprendido, marginal…
No me considero en absoluto una persona querida por mis semejantes, quitando círculos concéntricos, aunque últimamente he recibido  el afecto verdadero de muchos, que me ha sorprendido bastante. Parecía incluso que se alegraban  más que yo y además de forma  sincera, de haber ganado el juicio a pequeña USO-Canarias. No había tenido nunca esa experiencia.   La presentación fue otro motivo  para vivir esa sensación... ¡bonita! No sé si me hace sentirme más defraudado conmigo mismo que   bienaventurado, pero me parece bastante  insólito  que la gente se muestre tan  afectuosa. Es complicado, ya que mientras yo vivo con hostilidad y lejanía el mundo, hay gente que viene a la presenta y compra libros. Hay otros  que no, lo que no entiendo, porque es más interesante  lo que escribo que lo que cuento.

Asistieron   altas dignidades  al acto, léase  el Decano del  Colegio de Abogados. Nos sacaron una  fotografía de los tres: el decano, mi hermano y yo, una fotógrafa que mandó el Colegio, por lo que saldremos en la revista corporativa. Mi hermano se reía de que tras su largo ostracismo y persecución fuera a aparecer ahora en la citada revista. Yo que ya me califico como persona que trabajó de abogado (abogacía como poiesis), saldré en el centro, como un primus interpares o una prima donna de  senos montañosos y nevados. Lo que es evidente es que estamos sometidos a órdenes de sentido que son transpersonales, porque no es posible que ocurran tantas cosas con las que en absoluto cuentas. También asistió  una exdirectiva y candidata al Colegio,  que al parecer es tan encantadora conmigo como con mi hermano. No estamos preparados para tanta sociablilidad cálida. 
La presidencia de la Económica  (y Pta que  es de una lealtad absoluta,  que no sé ni cómo agradecer)  presentó el acto y yo despanzurré un sillón  noble quizá con   data de primeros  del XX, solo sentarme para precipitarme al suelo. La gerencia de la corporación de abogados, mi amigo Víctor me mandó un cariños correo exculpándose y ha habido más así.

Se pudieron ver srs advocats de mucho postín: los Tallo, Robayna, Ángeles &Rafa, Baez exlaboralista y director de RRHH, el herreño,  el abogado y filósofo titulado Iván  por el que entré en la Económica, el Conde, Alexander que entra como abogado e historiados también por Mácaros/Oliver, Kamenev no nos encontró en el bar tras el final; algún  graduado social (uno Valentín, que llegó al final y dediqué el libro), 4 ingenieros y luego, como hace mucho tiempo  en Tenerife, varias personas desconocidas. Parte de Los Reunidos,  la hora intempestiva a las 7 disuadió  a más de uno. No así a mi  queridísimo  Agustín Enrique Díaz Pacheco.
El Conde  Octaviansky, que me tiene por excéntrico, imprevisible y divertido, me recordó y celebró las cosas más simpáticas e inconvenientes que había dicho. Como realmente apenas  mal contesté a las preguntas que se me formularon, XY me dijo que voy camino de ser una representación de mí mismo. Después, en la confraternización etílica de varias confluencias, que es lo mejor de todo y en lo que es experto mi hijo, que todos sus círculos de amigos lo son entre sí, el mácaro Juan Mingot, la mente más potente, comentó que la gente que fue y no me conocía, lo que se llevaría  del acto sería la singularidad del autor. Al salir alguien me dijo –no recuerdo quién, ni si le conocía- que  iba a montar una radio, sólo  para que yo fuera tertuliano.
 Ex doctor Harris me volvió a decir con mucho convencimiento  que le gustó el libro, que se lo pasó a un amigo y que le dijo: ¡brutal Que casualmente era como yo lo califiqué en un primer momento.
Algunos señores asistentes debieron ir porque les interesaba mucho el sindicalismo igual pensando que yo era un remozador-rehabilitador, fue muy publicitado en las redes por la Económica, hasta en una afamada web izquierdista de mis  enemigos de clase. El siempre sutil Conde –el marqués que llegaba a las postrimerías no nos encontró, lo digo para remarcar mis relaciones  con titulados- se reía porque dije que a mí no me interesaba nada el sindicalismo, nunca había hablado de ello con nadie, y no tenía absolutamente  nada que discutir sobre un tema que, dije, desprecio.  Me resultaba insólito, aunque no se hubieran leído el libro, que a pesar de la descalificación, desdén y desprecio del que hice acopio y gala, trataran de llevarme a debates convencionales sobre sindicatos. Para esos debates que se busquen laboralistas firmamanifiestos muy lúcidos, tan interesantes como inteligentes y sindicalistas de esencial formación para- analfabeta, elevada estatura moral y cultural,  y discutan con ellos. Luego lo graben y me lo pasen para escuchar.
Nula modestia aparte, yo he destripado el sindicalismo por donde nunca  se había hecho, y desde puesto de francotirador serbio  –disponía de óptimas posiciones-, nunca ocupados  por nadie, sino por alguien, que soy yo, con instrumental suficiente para poder llevarlo  a cabo.
Uno solo puede empezar a tomarse forzosamente un poco en serio, cuando ve que a pesar de que no se le entienda ni comprenda, le toman en serio. No había medido el valor de esta circunstancia promisoria. Es valiosísimo.
Me dice XY: ayer con tu rechazo a descender a ese mundo infame sindical, si son todavía necesarios o pintan algo, habrás logrado que alguno se afilie. Pues no. Una pareja, ella hija de una ventera del Toscal donde yo rebané en los 80 todo el estante de arriba de fabada Litoral, que no sé qué hacían allí, me dijeron que estaban hablando, tras oírme, de darse de baja de su sindicato.


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