domingo, junio 19, 2011

En el pueblo

Torre de Iberdrola, Bilbao
Llevaba 20 meses sin venir a Bilbao, que se dice pronto. Sin venir ni echarla en falta. Más por falta  de vasquismo que de bilbainismo, de lo que tampoco me hallo muy exceditario. Ayer a la tarde, tras tomar champú con mi hermana y mi santa madre, que estaba como siempre en los últimos tiempos, disgustada, irritada, autoritaria, conflictiva por hacer unan descripción de compromiso, cogí el metro en Las Arenas y me fui a Bilbao.
Ahora estaba en mi ciudad y decidí buscar los lugares donde menos se percibe la villa: el Guggenheim y el Museo de Bellas Artes, del que soy socio, en homenaje a mi adolescencia en el que me refugiaba y conocía todos los cuadros de la pintura vernácula y contemporánea. No pude entrar en ninguno de los dos porque enseguida iban  a cerrar para abrir más tarde para   celebrar la noche blanca
Yendo del parque de Bilbao, el de toda la vida- un año que nevó mucho siendo niño llevé los esquís y bajé de la pérgola hasta el estanque-a Licenciado Poza o Pozas (como decíamos y se sigue diciendo)  comprobé con pujos de inmortalidad  y soberbia que había sobrevivido al bar Gotzone, una institución tabernaria. Crucé Pozas y vi en el fondo el Estadio San Mamés, al que parece que le han abierto ventanas, para poder animar si el partido va mal a los que se han quedado en la calle.
En la plaza Indautxu, una turista me mira y ya preveo que me va a preguntar por una calle. Inmediatamente sé  que estoy capacitado para socorrerla y ubicarle la calle. Gregorio de la Revilla. Qué fácil. “Es esta perpendicular” y sin querer señalo la casa donde vivían unos tíos míos.  Pasa por la casa de Javi, que murió, y miro a la ventana de su habitación donde tantas tardes oíamos música. Paso por el bar  M. a  ver si por casualidad sigue el tonto de Fiti.  Sigo  por la jefatura de policía donde estuve un par de veces invitado. Doy un amplio paseo, y trato de reconocer los  comercios o cines que permanecen. Cines, ninguno claro.
A la mañana he ido con una mochilita para comprar libros. Me he enrollado de tal manera con una librera que casi no he podido marcharme. En Cámara, librería y tienda de revistas, donde de niño mis padres me compraban tebeos, en un gesto de  bilbainidad ofrecían una copa de vino, había una botella y unas grandes copas  sobre el  mostrador. La mayoría se hacía el austero, solo  una mujer de cierta edad empinaba el codo y otra le decía al que parecía segundo marido si tomaban una a medias, a lo que el otro le ha contestado “no, tómatelo tú sola”, En mi caso, aún no eran las 13 horas. Faltaban 10 minutos.  Antes, nunca nada. Me he comprado tres libros sobre el Sáhara, unos 2,3 cm. He estado a punto de preguntarle por mi libro Canarias, diversos nacionalismos, porque vi en internet que lo expedía, cuando descubrí que había pasado a la biblioteca del gobierno vasco.
En los semáforos de Bilbao te sorprende el acento de la gente al hablar. Es exactamente igual al tuyo.
Voy  por la calle del teatro Campo Eliseos, y hay un grupo tomándose un aperitivo en la calle, una ex rubia, ahora rubia platino de pelo corto, cincuentona, me ha reconocido de lejos, toda de negro como los que le acompañan.
-          Tú eres…. Pilar, qué haces por aquí- le digo porque me sale, como si nunca me hubiera ido, pero sí, me fui.
Hoy comemos en Gernika , en  la Vizcaya profunda, pero antes  mi hermana quiere enseñarme la huerta, el lugar más avanzado en el mar, con bajada a una playa salvaje y de mejores vistas entre Mundaka y Bermeo, donde  ha hecho una enorme plantación  según ella, de todo tipo de horticulturas. Lo que llamábamos la huerta y a donde siempre alguno de la familia, de abuelos a nietos iba con amigos a hacer comidas, ahora se llama la plantación, según el nuevo léxico.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sólo he estado una vez en Bilbao, hará + de 15 años de aquello. ETA mataba, entonces le estaba dando caña el Correo Español/Diario Vasco. Me gustó la ciudad y los ciudadanos, abiertos y simpáticos. Se lo comenté a mi hermana q entonces vivía allí. Me dijo que me quedase 1 mes a vivir allí y que comprobaría cómo no encontraría algunos periódicos facilmente y si los encontrabas no los desplegaría por la calle; notaría que de muchos temas la gente no habla en los bares; vería que hay palabras malditas (como España o provincias vascongadas); los sobres abultados me darían aprensión; que unomismo se autocensura; ...

Me marcó el que me dijera que los de "fuera" no sabemos lo que es vivir sin libertad.

Alguna vez, aquí en Tf, lo he comentado a algún vasco filonacionalista (de esos que no pronuncian la palabra España) y se molestó mucho.

Salu2,
EDH.

Jesús Castellano dijo...

Crro que el cuervo ha pedido un crédito para adquirir 4 cm de conocimiento financiero. A ver que traés vos de Bilbao, ciudad que está camino a Donostia...