lunes, marzo 20, 2017

Los jemeres rojos y el ADN progresista

Ayer a la mañana recibimos una llamada desde Pnom Pen por guasap. Me quedé como si me hallara ante el hito tecnológico-hombre a la luna. Podías hablar con Camboya cuanto quisieras, sin retornos, dilaciones en la simultaneidad, interferencias… Era E. que tiene que ampliar su estadía hasta el martes. Mi hija está en Sudán del sur, con parada en Etiopia para verse con una amiga que voló desde Egipto. Esta es la vida que me gustaría haber hecho, supongo, desde luego es la que más admiro. Al punto que estos ofrecen que contar, no conozco a nadie de aquí, cuya vida merezca un mínimo de atención. Lo que tiene una cosa buena si escribes sobre estos, y es que dispara la creatividad. Plantar hortalizas sobre una superficie de aluminio. La imaginación se retuerce como una contorsionista que te habitara.
Las élites cosmopolitas son las que representan la negación de los proteccionismos nacionalistas, y que siempre han existido: diplomáticos, artistas, literatos, deportistas, empresarios… ocurre que ahora el ecosistema existe, que es la globalización. Ya han dejado de ser una suma de excrecencias nacionales para constituirse en elementos naturales de un sistema productivo y social, además de cultural y moral mundial.
E. me ha comentado sobre el genocidio mayor desde la II Guerra mundial, exterminaron a 3 de los 8 millones de la población. El mayor genocidio del mundo en términos relativos. Ha visitado sus museos y campos de exterminio. Las crueldades con gente especialmente indefensa como bebés supero todas las cotas de inhumanidad. Acabaron con los jémeres rojos el ejército vietnamita. La población camboyana acusa a Suecia en primer lugar y a Europa por  su tolerancia y apoyo “revolucionario” a aquel régimen vesánico y apocalíptico. Añaden más, que fue una opción anti-imperialista  para ir contra Estados Unidos de los europeos. Evidentemente se trata del progresismo europeo y su ADN de apoyo o justificación activa y entusiasta de todos los crímenes de estalinistas, gulag, checas, revolución cultural china y etcétera. A diferencia de la Iglesia, a la que nunca he defendido, porque me hallo extramuros, que no ha jaleado exterminios ni crímenes masivos de civiles, desde hace muchísimo, sino todo lo contrario.
Mi hijo no está de turismo en Camboya, sino trabajando para su empresa: una gran ONG política estadounidense. Se relacionan mucho con las bases y comunidades locales, lo que no ocurría cuando estaba en el Banco Mundial, que eran las alturas. Por tanto sus fuentes, aparte de lo ya  consagrado en la historia, es la gente de allí.
Pensar que los eurocentristas progres siempre se han dedicado a decidir por ellos (tercermundo) que quieren y les conviene. Debería oírles, que piensan de ellos.