mi norteamericanismo se formó de niño en Alemania cuando el muro de Berlín y los convoyes militares USA que pasaban por Fulda aquellos dos veranos. Allí supe lo que pasaba, estaba solo y nadie me tuvo que decir nada, veía las caras de los alemanes federales. Estoy escribiendo un libro sobre mi epifanía y experiencia proamericana, salvo en ni época comunista. Resulta que mi proamericanismo me ha sido devuelto con creces. Deseo/inconsciente. Qué paradójico el deseo, por su poder de virtualidad. Me da juego, la vida interior, fantasias, imaginario, lo simbólico atravesado de experiencias de vida. Lo que más me sorprende de mi vida es como el deseo se ha impuesto a un desierto de objetivos concretos y claros, sin la funcionalidad de los medios, y la claridad en los fines. Pues sin todo eso
En Washington recién. Sin embargo los deseos profundos, poco prácticos, ni habilitantes, se han logrado en su totalidad o casi, uno es quien, dibujándose intermitente en sus deseos fantasmales, huidizos, relampagueantes, queria ser. Y ese es el deseeo de LACAN, el deseo profundo que más allá del sexual, distinguiendo la necesidad (hacía los objetos) y de la demanda (hacía las personas) busca su propio reconocimiento y realización, al margen del lenguaje, y el inconsciente del otro. En todo ello USA es la guinda, los fervores secretos, uno de ellos, axial, diferenciador.



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