Su origen en 1983, aún próximo el franquismo y la inercia y composición ideológica de los miembros de la judicatura, podía justificar su fundación. Sector alerta, con un convincente ex ministro Belloch, y en el País Vasco el excepcional (por recuento de méritos) magistrado, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia Juan Luis Ibarra. Que obviamente dejó de serlo pronto. Hay empresas contingentes, circunstanciales, a favor del tiempo y el contexto. Otras pueden convertirse en pedernal. Esta asociación ya anuncia con su nombre, de sus propósitos, que en ningún caso se reducen a vertientes propias de su función, sino que saltan al “demos” y su gobierno. El uso de la preposición para, como si mental, psicológicamente se hubieran retrotraído al franquismo para poder alumbrarnos la democracia. Denuncia objetivamente un déficit, una falta. Pero la preposición para también apunta a unos autores/agentes, a una suerte de conspiradores concertados a favor del “demos” que (ellos) quieren. Democracia que implícitamente sostienen: o que no existe o ha de perfeccionarse por, con o en ellos/ellas.
Si se conjuran
para (traer) la democracia, implica que la constitución del 78 es como
poco revisable y defectuosa, según deciden, sin
auscultaciones o pareceres de nadie. Frente aquello del consenso intersubjetivo de
Habermas para fundamentar el par legalidad/legitimidad constitucional construido por todos, para nuestros jueces de
dos sexos no existiría en absoluto. Ese
consenso intersubjetivo era la forma con
la que también trató de abrir a la judicatura de la República Federal heredada
del nazismo y fuertemente influenciada por Carl Schmitt, a una democracia
sustentada en el debate y la concertación. Lo contrario a este segmento de
jueces-juezas hispanos/as. Estos jueces en
todas estas décadas de empeño “democratizador”, la máxima autocritica hecha de
su historia y funciones ha sido atrapar una consigna de moda woke, como es la
inclusividad retórica: no hablada nunca en la calle. Estos/as
togados “de progreso”, seguramente aboguen por la simplicidad en el lenguaje y
resoluciones judiciales despojados de formalismos y arabescos técnico-jurídicos,
o sea acercarlo al “demos”. Con la conquista de la nueva denominación, anteponiendo
caballerosamente el femenino, se distrae igualmente el principio de economía
procesal. Todo quedaría en mini consigna feminista woke, con la excusa parpadeante de
la dialéctica visibilidad/invisibilidad, pero no por debatirlo con Judith Butler
o Paul B. Preciado, sino más bien por seguidismo de la extrema izquierda más neurasténica,
mostrenca y marginal. Nada sofisticada ni democrática.
Resultaba impensable que estos paladines de nuestra formación democrática intensiva (que imbuirnos), fueran con su sectarismo y dogmatismo consustancial los grandes peones del gran pujo totalitario del doctor Sánchez. Sus representantes, con el exfiscal general, han ofrecido grandes piezas no tanto jurídicas como dignas de estereotipos canallas, suburbiales, penosa picaresca, amaños todos, complicidades mediáticas, sumisión gubernativa, controles internos en guerra con la honorabilidad más básica y elemental. La democracia de progreso progresa.

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