sábado, abril 25, 2026

Necesidad e impronta de la vida disipada. Bar de Mimi

Eric, el fisio, me hace andar con dos pesas  (tienen otro nombre) en cada mano de 4 kilos cada una, voy desde el gimnasio hasta la puerta de la calle.En el pasillo esta XY con su mirilla en la mano.  Uno la única expectativa de rehabilitación que tiene  (y quiere) es poder  ir a comprar a Mercadona, como lo hacía con sumo gusto los sábados, y tener algo más de equilibrio en las distancias usuales y cortas. Por lo demás perfecto para mi modus vivendi, modus operandi (aunque tampoco me veo delinquiendo)
Ir los sábados a la compra a Mercadona era mi segunda gratificación semanal, tras los lunes en calle Nokia. Me encantaba. A eso espero y me esmero.
La sesión era de 20.00 a 21.00, como digo, XY sentada en el pasillo feliz con su mirilla yy auriculares, entonces yo pasaba por delante de ella, ora con la cinta comprimiéndome las rodillas, ora con las pesas de 4 kilos en cada mano, yo el primero, detrás Eric por si daba algún mal paso, y en lugar de pararme en la pared antes de la puerta de salida, alcanzaba esta para que se abriera automáticamente. Y en una de esas travesías contagié a Eric, que también fue capaz de dar esa orden mágica a la puerta

                         

Lo que simplemente constituía metodología y aburrimiento, vueltas de mulo en el molino, siempre o muchas veces he hecho por interrumpir esas secuencias de monótono procedimiento, violentarlas, introducir el punto de imprevisibilidad y divertimento, hacerlo brotar donde parece imposible que surja.  ¿Qué margen quedaba tras ordenar se abriensen las puertas? Pues traspasarlas, y por sorpresa ya estaba en la acera con las dos pesas de a 4. Y después donde Mimi.

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