El doctor Sánchez pide a la Unión Europea que suspenda el acuerdo de amistad con Israel, o sea, una resolución, para que no convierta el Líbano en Gaza, un hecho futuro solo posible; por si acaso. Ni que lo deseara. Como el «genocidio» que tanto confirma y demuestra. Ya lo advirtió Freud: los deseos, las inclinaciones se abren paso incluso disimulando, paradójicamente enfrentados a lo expresado. El doctor Sánchez está consiguiendo cansar a todo el mundo, desde el gestualismo irrelevante que practica hace todo ostentoso para tapar que todo sea ineficaz y mentira. Empezando por su doctorado o la cátedra de Begoña, divulgadora del vacío y la suplantación. Ambos tremendamente ambiciosos. El doctor, de querer labrarse un futuro rutilante internacional en Europa o Naciones Unidos, olvidó el flanco interior, donde el derrumbe del Estado de derecho avanzaba en todo lo que la sujeción a Europa no impedía. Hasta los vencedores más radicales en unas elecciones dicen siempre, cuando su proclamación, que gobernarán para todos, menos el doctor al que poco limita y nada condiciona, que dijo que levantaría muros para dividir en dos a los españoles. Insuficientes los enemigos interiores (facho-esféricos) ha alzado los exteriores universalizando enemigos. No irrelevantes: Argelia, Argentina, Estados Unidos e Israel, con retiradas de embajadores y medidas de clara animosidad. Supongo que será caso único en la historia de la diplomacia española: penoso, ridículo, estúpido.
Opinión | Punto de vista
Sin embargo, ha sido felicitado con mucha simpatía por el abanico terrorista más aguerrido, una relación interesante; Hamás, hutíes, Hizbolah e Irán; alguno más de una vez. Una personalidad psicopática no necesariamente justifica los comportamientos desafiantes, caprichosos, desobedientes de normas comunes, de adolescente mal criado, como él hace. De enemigo del aumento del gasto militar (el adolescente problemático va por libre) a decir de crear un ejército europeo «hoy mismo» (liviandad irresponsable). De enemigo delirante de Israel y perseguidor de hasta el equipo ciclista en la Vuelta a España por poner en el maillot «Israel», y vetar al país de Eurovisión, a postularse como coordinador del plan de paz en Gaza, de donde por fin ha sido expulsado. El doctor psicópata, retador, cae fascinado ante la inobservancia de vínculos y normas comunes, sin más beneficio que la satisfacción del impulso, francotirador contra la Unión Europea, arrastrando a España a incalculables y duraderos perjuicios frente a Estados Unidos, que pagaremos. El adolescente rebelde tiene que hacer evidente su pulso transgresor, por libre busca la relación unilateral provocadoramente intensa con China. Cuarto viaje a ese país que aprovecha para alargarlo con más días de vacaciones con la imputada Begoña, en una carrera loca por demostrar su liberalidad de obligaciones: Doñana, Pirineos, China turística anticipada, partidas de ajedrez y videojuegos sin ir al instituto.

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