domingo, febrero 22, 2026

Un domingo bilbaíno en el Guggenheim, y resto en Las Arenas


Sábado al mediodía la plaza y bares del Puente Colgante, están a punto de desbordarse, como si fuera la ría, o Santa Cruz de Tenerife un domingo. Difícil consumir. Un estilo baskisch al que está uno más deshabituado. Por momentos me autopercibo español inclusivo, equiparado
Este bodegón ya corresponde al mismo sábado nocturno en el Premier.. Los vascos dale que te pego a la fraternidad solidaria, predominantemente burguesa, como en la Revolución  francesa
En cuanto lo vi, lo supe. ANSELM KIEFER, mi pintor favorito. Su sala en el Guggenheim estaba taponada, por un mural de pancartas woke, wokismo lo que perpetró en el Reina Sofía de Madrid su anterior director

Más que woke, uf, que alivio, ácrata, contracultural y provocador
cubría la entrada a dos salas fundamentales. Un gosadera el Guggenheim. No había catalanes con su notoriedad, sofisticación y "aquí estamos". Pueden ser peores que los vascongados, y lo son.  A ver si me estoy rehaciendo abertzale y, a poco, comunista

La típica pinta del vasco viejo, que compra chuches a los nietos, y ha moderado la bebida
Pues llevamos 46 años juntos y nos hemos casado dos veces, primero por lo/a (guardia) civil y sólo 13 años más tarde por la Santa Madre Iglesia en Florencia, sin que mediara separación o discordias  entre ambas, y por aprovechar otra boda de amigos, aportando  más fanfarria, 
El penoso esquiador de fondo, cada vez más cheposo
Esto sí podría ser considerado arte  vasco.   Aquella luz de cometa que destelló fosforescente y  fluorescente hace décadas por los cielos euskalerriacos. XY, nada más entrar: es Ibarrola. Y Agustín Ibarrola. 

Esta estampa muestra mi grado de autonomía sin bastones, ni pista de esquí.

Uno como un impropio esquiador en el Guggenhiem, pero no de esta olimpiada sino de una de hace 50 ó 60 años- Se une a la ridiculez del atuendo y los complementos, la extemporaneidad. 

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