jueves, febrero 19, 2026

El Día: La réplica del Guggenheim en Bilbao

 Huyendo del persistente mal tiempo de Tenerife, sin que los carnavales nos fueran a retener, nos vinimos por un mes a Getxo, a sabiendas de que en Bilbao sería mucho peor, como está siendo. Pero tenemos calefacción central, que nos salva.

La ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, una de las mejores pinacotecas de España, cosa que sólo los entendidos conocen, se acerca a su inauguración en junio. El arquitecto, a quien Bilbao le debe un busto de bronce, es Norman Foster, autor de la ampliación del museo y del metro de Bilbao, que hoy sigue igual de rutilante y limpio que cuando su inauguración hace treinta años. De él son las elegantes bocas del metro conocidas como fosteritos. La ampliación conserva el frente neoclásico y cuerpo del museo antiguo, que surgió de la unión de dos museos ya existentes: de bellas artes y de arte moderno. La alta burguesía financiero-industrial se había lanzado a la compra de importantes obras de arte que fueran acordes con sus mansiones y palacios de Neguri. No son las colecciones reales las que nutrirán los fondos del museo, sino el capital de la poderosa burguesía, que viene acumulando a las orillas del Nervión y a la que solo le falta la pátina de distinción que confiere al arte y la cultura. Y el dinero puede comprarlo.

Norman Foster apenas ha tocado los dos edificios que ya existían, el neoclásico, sobrio y elegante, y su ampliación de los años 60, funcional y moderno como la galería con columnas que los unía. Sobre ese espacioso punto de unión con el estanque, sin tocar la extensión superficial o muy poco, esto es, el parque primordial de Bilbao, se erige la nueva intervención de gran volumetría, en vertical, expandiéndose hacia el parque conforme se alza. Lo asemejan a una txapela. Con el logro comprobable que no se produce ninguna intromisión o cierre de líneas de fuga paisajísticas: el monte Artxanda y la torre de Iberdrola de César Pelli quedan incólumes desde todos los ángulos. Su asentamiento en los lindes del Parque de Bilbao (de Dª Casilda) le restaba la prestancia física que su contenido reclamaba. El alza del nuevo museo se asimila en altura al de los edificios próximos. Su poderosa volumetría, el vanguardismo de sus niveles y sustentación, resultan ya impactantes, y el nuevo continente del museo será imposible evitar por su rotundidad ostentosa, como lo hace el Guggenheim, no muy distante y otro elemento crucial de la articulación y relieve urbanístico de la ciudad del Nervión. Norman Foster vuelve añadir otra magnífica obra a la copiosa de grandes arquitectos internacionales que festonean Bilbao.

https://www.eldia.es/opinion/2026/02/19/replica-guggenheim-bilbao-127003312.html

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