martes, septiembre 01, 2026

El Día: Cuando se cree representar no a una parte, sino al todo


Tránsfobo, islamófobo, homófobo, xenófobo y otra serie encadenada de significantes: machista, racista, colonialista, belicista, sionista, esclavista, ultraderechista tienen un valor condenatorio inapelable. Una codificación de todos las conductas y tipos penales de máxima gravedad. Antes que los hechos y la conducta concreta se avanza la condición humana (más negra), de autor predeterminado. Los delitos de autor. ¡Qué laxitud ofrecía el franquismo! La iglesia entonces  era muchísimo más indulgente, benévola y menos medieval. Se aferraba a los 10 mandamientos, a lo que no debías de hacer y pensar, no entrabas en un confesonario con la etiqueta infamante. Hay un libro ya relativamente antiguo de Jaroslav Seifert, escritor checo y Premio Nobel, que se titula “Toda la belleza del mundo”, en este caso estaríamos ante toda la maldad del mundo, que vemos para donde queda orientada, la decidida proa que salida de la bruma se dirige a embestir a todos agrupados bajo esos círculos ominosos. Pero pudiera ocurrir que por la razón que fuere no lograra tocarlos ni hundirlos. Para ello hay otro circulo de protección del muro erigido de radical división e imposible transacción, que son los bulos, bolas, trolas, que invocaban como avezados esgrimistas los que con la variedad de sufijos en  “fobo” o “ista”, no han podido contener o exorcizar su mal y veneno. Es entonces cuando la realidad no satisfecha es trasmutada en irrealidad, impostura, falsedad: Bulo, bola, trola, desinformación, todos performativos en posición marcial de firmes.

Los difusores de los conceptos del oprobio y la ignominia juegan con mucha ventaja de progreso (progresista) con su doble anillo de imputación sumarísima sobre la catadura moral de los sujetos, que  una sola palabra les bastará para salvarse con un tercer anillo de desarrollo argumentativo, o sea, las veces que hagan falta: bulos, bolas, trolas, desinformación, por si no habías caído. Este sistema cerrado de apelativos odiosos que bloquean mediaciones, matices valorativos están inspirados en el odio más neto y pulido.  Suele ser tan torrencial el odio, que la imputación suele ser acumulativa, de forma que el machista no es solo machista, sino también fascista, xenófobo y racista. Con este acervo argumentativo y crítico lo que hace nuestra “pro(a)gresividad”  es emplear un mecanismo psicológico de simplicidad pareja, que es la transferencia o proyección. Ese odio que ejercitan empíricamente a diario señalando a las más infames alimañas humanas, lo transfieren a los odiados con su locuacidad de estigmas. Este populismo sanchista se asigna la legitimidad de víctimas del franquismo. Las víctimas o herederos de ellas son los héroes de nuestro tiempo, puede uno remitirse a Todorov como a Pascal Bruckner. Y lo más fascista de todas estas sedicentes víctimas de chichinabo: fantasear que representan al todo -más totalitario no cabe ser. Toda la clase obrera, todas las mujeres, todos los LGTBI (¡Cuidado con Vox y PP, ojo a Tel-Aviv!).

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