sábado, octubre 20, 2018

La policía no nos dispara. Despedida triste de EE.UU.

Teníamos que devolver el Chrysler de 10 plazas que habíamos alquilado en Washington, que nos sirvió a toda la comitiva para desplazarnos por la Ciudad. Junto al coche de mis hijos cuando éramos muchos.  Y lo teníamos que hacer en el aeropuerto de Newark, el tercero de NYC, pero que está en Nueva Jersey, antes de coger el avión de vuelta a Madrid. El viaje por el aeropuerto de Newark te permite ver la silueta  de Manhattan, todo su perfil, la nítida sky line.
Antes de llegar a Filadelfia paramos a tomar algo, no había cerveza y era hora de ellas, por lo que no tomé nada. Un judío grueso, mayor, sonrosado rojizo con la kipá y tirabuzones al salir Xy y Rosita se dirigió a ellas para preguntarlas si estaban sin hombres, cuando llegué yo  se marchó. Debía ser argentino. Impedí sótano y descuartizamiento, muy seguramente.
Debíamos dejar el coche con no sé cuántos  galones de combustible. Nos perdemos distintas veces por las obras y el GPS  se volvía loco, así que llegamos a lugares en obras, caminos cortados, señales contradictorias,  sin nadie. Pero hay un coche de policía parado,  nosotros nos paramos oblicuos a él, sin muchas opciones a donde ir.  
Fer es quien conduce, le digo, le decimos: no te pares, que sigas, vas  a conseguir que se mosqueen. Pero Fer no arranca. Al final avanza, y es cuando oímos el altavoz policial que nos dice algo que no alcanzamos a descifrar.





-Ni os mováis, fer ni se te ocurra abrir la puerta. Unos amigos de mis hijos nos dijeron antes del viaje del año pasado, que si nos paraba la policía jamás había que salir del coche, y mucho menos echarte a correr, sino esperar.
Pero ocurrió que ni nosotros salíamos ni la policía tampoco. Al tiempo el coche policial se nos acercó y se puso a nuestro lado. Era un policía negro orondo y hamburger que solo deseaba hacer feliz a la comunidad. Le dijimos que buscábamos a la rent a car para devolver el Chrysler-
Uno de los planes cuando viajamos de XY es ver los barrios pobres y marginales. En Washington como no vayas a Anacostia es realmente complicado, no así en Newark, Nueva Jersey. Descubrimos una gasolinera too danger, que daba miedo salir del coche no tanto como en el motel de Los Ángeles del año pasado, pero de fauna quizá de menos cárcel y camellaje, pero más lumpen proletariat, los coches eran tipo al mío, cosa que en USA  no abundan.
               Annapolis, cerca de mi esperada Baltimore






Antes de entrar al gran templo:la biblioteca del Congreso
Eatamos en el Wharf, ahora nuevo y de moda
Serena y yo de nuevo en la terraza del Watergate mientras los demás aparcan
Esta es la basílica de la Inmaculada Concepción. De franciscanos de sótanas blancas y mucho latino. Fastuosa: una mezcla de la Giralda, Bizancio, Hollywood y los hoteles de NYC años 40. Ganas de claqué y rosario.
aquí brancheando

en el parque botánico. Yo también entré
AL  y Rosa
una iglesia convertida en un bar supercool
amigo de Espy, judío de Seattle y miembro de la comitiva
por el Eastern Market


de compras en la calle M de Georgetown
En uno de los hoteles de donde trabaja mi hija y nos bientratan. georgetown forever

otra de ostras a las afueras de Annapolis
En el querido museo  Philips Collection. El perro entró en la sala de los Rothko como si nada

Entrada a la Phillios Collection

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