El terremoto de Managua de 1972 no tuvo una relación causal directa e inmediata con el triunfo del Frente Sandinista en 1979 y la huida del derrocado Tachito Somoza. Pero sí influyó y lo catalizó el saqueo de toda la ayuda humanitaria que recibió el dictador. Todavía muchos recuerdan y advierten de una conducta similar habida en Venezuela cuando el desastre de Vargas de 1999. Ahora, una de las primeras imágenes recibidas, previas a la llegada de los rescatistas, resulta dantesca, ver a dos militares en una moto con lo que podía ser una pantalla de televisor, que transportan entre el conductor y el que va de paquete. Luego el saqueo militar, policial y delincuencial oficial va cobrando mayor impulso. Han debido acordar una división del trabajo, porque otros bolivarianos uniformados se amodorran en cualquier sitio. Lo que merece el reproche del pueblo también adjetivado bolivariano, que les llegan a increpar e insultar por su inhibición personalizada. Porque el Estado declarado ausente no ha dispuesto de brigadas, maquinaria, medidas para afrontar el terremoto en cualquiera de las variantes que puedan acometer por un Estado. Por la perfección del desentendimiento e inhibición total recuerda muchísimo a las inundaciones de Valencia cuando la ministra de defensa Margarita Robles explícitamente dijo que el ejército no estaba para emergencias civiles- ¿que no fueran el cambio climático?-, que el doctor Sánchez culminó con aquello de que si querían (no fuera a pasar que no la quisieran o incluso ofendiese) ayuda, la pidan, coño. En Valencia se dio el sectarismo paleto del sanchismo reclutado con lo peor de los restos más caninos del PSOE. No hay Estado bolivariano, pero sí lo hay, porque ahí están cárceles, presos, sañuda persecución de libertades y derechos humanos, y vómito de sus propios ciudadanos hasta 9 millones. A un policía uniformado y con pistola los vecinos le rompen los billetes de su saqueo personal. En Venezuela todo remite a Haití, Sudán, Cuba, sin embargo, es un socio respetado y admirado por los españoles de progreso, de siempre, empezando por el ex estadista Zapatero con toda su clarividencia de gobierno y complejidad de su pensamiento: contador de nubes, devoto del viento por dueño del mundo y capaz de explicar la metafísica del infinito (concepto) en un mitin. La tosca tropa bolivariana le toma por Hernán Cortés, y no era para menos. Pero se le han adelantado unos gramscianos, retrasados del mayo/68, de la mítica «Complu», pertenecientes al sector libresco monista y unidimensional, aunque pluralista cuando se arrojaron al sexo desde tarimas, departamentos y Lavapiés, que lo cuenta también en Patocracia Lucía Etxebarria. Otros adelantados en la colonización dual, de ida y vuelta, fueron José Bono, un par de generaciones de Raul Morodo: padre e hijo. La guinda la puso otro afanador: el doctor Sánchez. ¡Ay, España, tan lejos de Europa y tan cerca de Venezuela!
Opinión | Punto de vista

José María Lizundia 07 JUL 2026 7:00

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