domingo, noviembre 20, 2016

En domingo

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Mundaka
Aunque esté mal el decirlo, mi simpatía y dominio del medio es mayor que el de mi hermana, en lo que siempre ha despuntado. Aquí los  lances de barra y bar requieren mucha mejor esgrima que en Tenerife, surgen más dificultades, por lo que se hacen más atractivos esos lances. Los vascongados siguen siendo vascongados. Es importante jugar con las interpretaciones, los tiempos, quiebros, guiños, captación sutil del otro, luego ya todo marcha, antes se han dado elevaciones, picos de sierra.
El jueves en la playa de Ereaga le estuve hablando a mi hermana de  mi hermano y del grillo, se partía de risa. La última vez que estuvieron ella y Arantza, dos días seguidos con Rosita y fer, que no recuerdan a ver presenciados dos actuaciones conjuntas de ellos dos, tan imborrables. Que la mayoría de la gente no ha presenciado momentos tan estelares de nadie. De ahí nos pasamos a dos viejos amigos míos, dos verdaderos ligones y muy golfos, dos estrellas del sexo y la demasía, cuando eran bienes muy escasos. Le cuento a mi hermana algunas aventuras de ellos que no sabía.
Una sudamericana en el bar donde íbamos a comer: Hombre, ya has vuelto de Tenerife. ¡Pero bueno! Entra mi hermana al bar y me dice: ahí viene tu hermana. Anteayer en el pub de la buena música y vacío, con el poco pincelado dueño: lo mismo, donde terminamos tomando un gin tonic. Un aldeano redneck muy americano. Podía ser un pastor country vasco de Idaho.
Tanto dejar las llaves, que me vine sin ellas, menos mal que finalmente me encontré a Aitor y me ha dado un juego.
Ayer noche con Arantza en Bilbao. Ya no me siento bilbaíno –es evidente que llevo décadas fuera-, sino sociólogo. El nivel muy homogéneo de clase media alta, alto consumo, calidad  de bares, puede parecer  la zona de Dupont Circle de Washington, con más gente y mejor vestida.
Ayer sábado –creo que hay otro ayer más arriba- Mundaka -la mejor y más larga ola izquierda de Europa- , campeonato de surf, mi sobrino Jon debía participar pero como estaba solo con la hija, no pudo hacerlo. Ve amanecer en invierno en el agua del Cantábrico. Va a Indonesia, Costa Rica, Marruecos … a coger olas. Las olas de cuatro metros, contenidas en su máximo combamiento por el viento sur, parecía arte más que naturaleza. Ya dijo Oscar Wilde que la naturaleza imita al arte. Estuvo todo muy bien.





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