jueves, abril 09, 2015

2 días de humillación y castigo


Tal vez tenía que haber escrito un diario sobre la humillación y el castigo continuado que dos veces por semana me inflige mi empresa, desde hace bastante más de un año. Al no pasarme nada de trabajo, me limito a estar, antes con la  compañía  de algún amigo a última hora, ahora solo. Mi situación es de presente no existente. No hay relaciones de ningún tipo, salvo 2 elementos del escalón más bajo. Presumo de haberme movido por muchos ambientes, pero nunca he conocido a gente que se diera tantísima importancia, basta   fijarse en el convenio colectivo que se celebraron, un tanto estilo imperio. El núcleo de directores necesita imbuirse de mucho estatus, lo típico: los méritos no les acompañan demasiado.  Ni han pasado por Havard,  ni les han fichado de otras empresas. Y tampoco han sido obreros No sé si nos hacemos el cuadro.
Esta semana santa dos amigos por su lado, me dijeron que cómo puedo aguantar. Ni él ni ella son gente floja. No me resulta muy difícil, también tomo algún relajante que no afecta a mi vida normal.  Solo tengo una cualidad y es que en las guerras de resistencia soy muy perseverante e implacable. Se lo demostré por primera vez a mi padre –nunca hablé de nada personal- y nos llevamos en adolescencia y juventud a matar. Era capaz de autoinmolarme por fastidiarle. Acabé muy bien con él, y con todo heredé una parte muy valiosa, todo lo concerniente a la belleza, el arte, la cultura, el amor al país. Con todo, hubo padre. No creo nada en las conversaciones padre-hijo, afortunadamente no tuve ninguna –igual de eso viene esa permanente desorientación en la vida que tanto al final me ha beneficiado, siempre he estado en la “novedad”- , pero sí creo en la transmisión de valores, referencias, deseos, ideales. El respeto, la devoción, el amor por cosas, la conducta esencial no se enseña sino que es apelada veladamente, inducida con delicadeza, como valores en sí, que no pueden dictarse o explicitarse, porque están ahí (y se devaluarían) para ser descubiertos y asumidos.
Supongo que gracias a aquel largo y encarnizado combate contra mi padre, soy muy duro de roer. No lo había relacionado hasta ahora, ni en otras contiendas.  Algo que agradecerle también a él, que me lo puso fácil. Gracias Aita. Aunque no es todo cultural o familiar, uno  desde el punto de vista de las pulsiones no es nada morigerado. Lo que viene muy bien. Por eso se dan las actuaciones.
Ahora he descubierto el sufrimiento casi como un don de la vida, que la enaltece y la completa, que le da dimensión, relieve, consistencia y plenitud. No puede haber gozo sin contrapartida. Pero no pienso en Dios. En la adversidad estamos con nosotros mismos de una manera comprometida e íntima, en el placer nos salimos, que está muy bien también.
XY me reprocha que no se perdonar, no estoy hablando de mi situación, que soy combatiente de verdad y lo saben, sino en general. Pero es mucho decir.
Cristo dijo en la cruz: Perdónales Señor que no saben lo que hacen. El cristianismo es perdón y absolución. Obra de Dios y sus vicarios. En el judaísmo el perdón es absolutamente distinto, solo puede concederlo la víctima, y como principio  hay que odiar el mal. Yo soy judío.



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