LÍMITE
Por
Jose Rivero Vivas
G21.-
Lo escrito, a
partir de 2000, es genuina pertenencia del siglo XXI, cumpla 10 años su autor o
cumpla 100. Considero por consiguiente desacertado retrotraer su producción a
una fecha establecida en un período anterior. La actividad literaria, por
fortuna, no es en absoluto similar a la deportiva, cuyo final suele ser marcado
por la capacidad física del protagonista.
Yo, que me he pasado la vida, aun en silencio, reivindicando
causas perdidas, creo que el autor, con previa fecha de nacimiento, debe
asimismo aparecer entre aquellos que están a caballo entre una y otra centuria.
Circunscribir, por tanto, la acción de la escritura a un marco sucinto, entraña
el riesgo, para el G21 en este caso, de discriminar, y aun anular, obras
nacidas en la misma época, con igual o mayor reflejo sustancial que muchas de
las seleccionadas por edad del creador.
Claro es que, este es un proyecto ideado por el editor Ánghel
Morales García, autor él mismo de muchos libros, por lo que es doblemente
meritoria su labor y entusiasmo en publicar y ponderar la escritura de otros
autores, en un campo en el que prima ufanarse de su propio quehacer en
detrimento del fruto de los demás.
Esta es, sin embargo, misión que compete a otros, mejor situados
tal vez para comentar y emitir la valoración concerniente a la creatividad de
este país, que es la que hace historia real de su cultura. Ponerse al servicio
de lo foráneo, por supuesto, enriquece; pero no incrementa el acervo nacional.
En el fútbol se aprecia con nítido albor.
Así, con cuanta objeción pueda sugerirse respecto de Ánghel
Morales García y su G21, hemos de reconocer su ardor y valentía en promover
unos deseos de participación que va sembrando por doquier, en la promesa
efectiva de publicación, lo que le honra y enaltece. Ahora bien, escribir en
consecución de un objetivo determinado llega a ser estimulante para cierto tipo
de autor, que ve de este modo colmada su aspiración, en el hecho de integrar un
movimiento que en esencia se anuncia histórico. Puede este aspecto ser asimismo
castrante para distinto individuo, cuyo dictamen es escribir por escribir, como
necesidad perentoria que lo lleva a manifestar su proceso interno. De aquí que
la propuesta lo deje fuera de lugar, y hasta atarazado, para lograr su personal
consecuencia en la diversidad argumental de su dimensión literaria.
A pesar de cuanto escollo se ve precisado a sortear, el proyecto
sigue adelante y progresivamente se materializa, por lo que hemos de felicitar
a su promotor y su cuerpo de colaboradores.
MERODEADORES DE ORILLA.-
El profesor
Damián Hernández Estévez, en su análisis de la narración presentada, nos dijo
que María Teresa de Vega, su autriz, erige excelente literatura, para apoyar lo
cual destacó varios pasajes de Merodeadores de orilla, de los
cuales leyó algunos fragmentos, que por su estilo vino a emparentarlos con el
ORLANDO de Virginia Woolf, hecho constatado en su versión original inglesa, así
como en la versión española de Jorge Luis Borges.
El saber
literatura corresponde a los profesores de esta disciplina, -práctica de María
Teresa de Vega-, que hoy por hoy son quienes más escriben, junto con los
profesionales de la comunicación. En su momento fueron quienes, por su
conocimiento literario, comentaban los volúmenes publicados; en el presente, en
cambio, cuentan ellos con sus propios textos, en espera de que algún colega se
digne dedicarles un párrafo referente a su forma y contenido.
La literatura
es suma de vocablos, dispuestos de modo que su ritmo y son transporten al mundo
que cada palabra, dentro de su contexto, sugiere, insinúa y evoca, sin
necesidad de invento ni descripción ni brutal ruptura del idioma, que en su
estructura suele ser más dilatado y versátil que cuanto en imaginación ejerce
quien intenta servirse de él para obtener su óptima expresión.
Se entiende,
además, que cada narración guarda en arcano su intrínseca entidad, lo que le
proporciona cierto halo de misterio ante el lector. De modo que, cualquier
confidencia, por parte del autor, tendente a revelar alguna clave susceptible
de desvelar su secreto, no deja de ser concesión al editor, al medio, al
crítico y el mercado. De aquí que la explicación acerca de la playa ancestral,
provechosa para algunos, resulte inadecuada para el lector imaginativo, que
busca configurar su idea de los lugares no especificados por la pluma de quien
escribe.
En la
actualidad, el comentario docto sobre la producción de quien recién arriba, no
es auspiciado por quienes obtuvieron calificación académica que los autoriza
para exteriorizar las características del discurso emprendido por el autor cuya
obra merece disección en su revisión exhaustiva. Ello, porque su esfuerzo se ve
quizá mejor retribuido, en premios y emolumentos, cuando va dirigido a poner de
relieve aquellas obras sancionadas por la ponencia de eximios intelectuales a
través de la Historia.
Por eso es de
agradecer que, sin temor al páramo respectivo, de algunos habitual, haya
personas que perseveren en su compromiso de publicación y difusión de la obra
excluida del panorama cultural, lo que es sin duda una garantía para cuantos
escriben al margen de reconocimiento oficial.
José Rivero Vivas
San Andrés, junio de 2012
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