viernes, mayo 11, 2012

La superioridad literaria de Rivero Vivas


Cerca de mí oí decir: “es una maravilla, resulta fascinante leer a Pepe (José  Rivero Vivas)”. El José Rivero Vivas articulista o breve ensayista, en esta ocasión. Esto ocurrió ayer, pero hace dos días, hablando con Ánghel Morales, los dos volvimos a coincidir en  que, sin duda,  José Rivero Vivas está por encima del resto de escritores que conocemos. Por encima, es a un nivel superior, a otra escala, de otra cualidad o sustancia. No se trataría de un primus interpares, porque falta la paridad de la que poder partir. Rivero Vivas además no tiene pares.  Aparte de ser un inmenso escritor, es suficientemente raro e inclasificable para  que  hasta otros  susceptibles de parangón, aparentemente más igualados, le resulten  extraños y reboten  en  él. Un texto suyo siempre nos mostrará una densidad y sustancia literarias absolutamente desacostumbradas, será como el flujo de un caudal rumoroso, envolvente,  surtido de reflejos de plata o irisaciones, evocaciones, recodos y remansos  y un adentro (como él diría), que para la inmensa mayoría sería cuestión absurda plantearla siquiera.
He escuchado, referido a José Rivero Vivas, tildarlo de cervantino, clásico… deducciones al alcance de los  estudiantes más cómodos de la ESO.  De la misma forma que quienes profieren esas conclusiones, serían también justos destinatarios de otros adjetivos, sin duda más actualizados, por supuesto. Así se plantea una paridad entre modalidades todas interesantes y legítimas, una cuestión de cuotas de géneros. Vivimos en la época dorada de la horinzontalización banal y tramposa.
Es una actitud inteligente e interesada  presidida por una devoción politeísta, que aparta la noción misma  de “literatura” sin adjetivaciones, para hacerse fuerte en otras categorías como  la “novela”, la “ficción”, las “historias bien contadas”, los “géneros literarios”, los éxitos (al nivel de  éxitos posibles que todos conocemos)…  Pues hay laureles de gloria para todos.  Se ha prescrito el esfuerzo por saber contar historias, centrado en la rápida digestión  del artefacto, que tiene como modelo interior –hablemos claro de una vez- el bestseller pretendidamente dignificado.   Es el sueño de muchos: no una obra literaria sino un libro de éxito, que asegure el reconocimiento local de las capillas.   Y como método, el artesanal  -una cuestión de planos,  pesos, medidas y buen acabado-, a que se hace descaradamente maniera de un quinquecento general y masivo.
Este es el panorama, en el que la literatura es un continente general o marco referencial, pero sin consistencia, ni plus artístico susceptible de  desmarcarse del entretenimiento.
Leyendo el artículo INCURIA de José Rivero Vivas por ejemplo, no podemos si no conturbarnos ante la fuerza de la palabra escrita, por su   nobleza y la dignidad que exuda; la literatura está en la palabra que se funde con la vida del escritor -es su morada-, haciendo  surgir  una polifonía de matices, sesgos, a cuál más profundo donde la experiencia está modulada en clave literaria, de una plenitud tan excepcional que hechiza.