domingo, marzo 25, 2012

Al otro lado de la frontera, en el sur

Todo parece indicar que mi presentación dentro de  cuatro semanas en  el Club de Prensa Canaria de Las Palmas va estar animada. Me han mandado desde Las Palmas las entradas a un artículo sobre la descolonización del Sáhara en el que alguien me tilda de personaje siniestro. Lo colgué el viernes, ahora con más entradas, hasta 8.
http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=3&id=2706
El viernes tras dejar los pertrechos, ya de noche nos encaminamos a tomar cerveza de trigo al bar del Villa Cortés de Las Amèricas. Nuestra tendencia a rebasar la frontera de la barra, hizo que fuéramos bien recibidos por el sector de la hostelería. Que tal, otra vez por aquí…: en casa.
Ayer saludamos a la uruguaya Mariela, de otro bar. Eran algo más de las 14 horas y la terraza no estaba ni al 25% de  ocupación, pero la actividad era compleja y encarnizada, parecía la BMW de Munich, el taylorismo, Noruega...
Acostumbrado a la morosidad y somnolencia capitalinas, a la estructura herbívora de un epicureísmo asiático –  la ataraxia, a dos karmas del nirvana-, aquello era productividad, rendimiento, nueva frontera, iniciativa, progreso,  petróleo.
Ayer  noche regresamos temprano al hotel, la tercera edad inglesa bailaba al ritmo de La Barbacoa (Georgie Dann), y se constituía en cuerpo de baile con No rompas más (Coyote Dax).
Nos quedamos en el salón, todos de pelo  albino o nevado, salvo una pareja de jóvenes borrachos, que a punto estuvieron de desgraciar a  algún  anciano. Bailaban el twist de cuando  novios. 
 Yo era Pelo Negro.
Era el ambiente tan divertido y desinhibido, la música tan pérfida, la vida tan paradójica y extrema, que me lancé solo con aquellos jóvenes de  hace 50 y 60 años, casi coetáneos. Emprendí unas  ejecuciones del cabaret.  Daba pasos para adelante para luego  desandarlo, mientras movía mis brazos como péndulos. O hacía otras figuras súbitamente nerviosas para pausarlas después, descomponiendo estructuras rítmicas.  Me ocultaba  tras las columnas y luego reaparecía por la izquierda o la derecha, según, buscando la sorpresa y la aleatoriedad.



1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Usted siniestro?AJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Entonces es que no le conoce...

Por lo menos ha leido su libro y l ehace propaganda (aunque sea negativa), eso tendría que agradecerle que hablen de uno aunque mal.

Salu2 EDH.