jueves, noviembre 11, 2010

Homenaje a Ernesto Delgado Baudet

10 de diciembre en el Ateneo de la Laguna
El acto consistirá en una mesa redonda sobre su vida y obra y habrá una lectura de sus poemas. La elección en mi caso es muy fácil, porque es el más hondo que podría leer. El más emotivo.
Se proyectarán fotos de él. Su última novela parece que ya está en manos de la editorial, y avanzaremos próximamente en la edición –muy cuidada- de toda su obra. Gracias siempre a Elica.


El martes próximo en la casa Elder presentaremos Anghel Morales y yo a un libro de poemas de Alejandro Suárez, a quién di en llamar el Rapsoda. Por quien el escritor y consumidor compulsivo de alta cultura, pero antifilósofo y antipolítico, Juan Ignacio Royo (antes Juan Royo Iranzo) siente fascinación. Hace 5 años (el Rapsoda) me traía folios de poemas. Yo ejercía de mentor o de una figura con algunos de sus ribetes, cuando no he escrito un verso en mi vida, ni siquiera en mi atribulada y confundida adolescencia.
Le reconvenía y le decía “estas son letras desgarradas de un grupo punky, con la diferencia abismal que se nota que prescinden de la compañía y cobertura de un grupo que las avale. No hay punkys solistas: ¡lee!” Leyó, pero creo que todo es intuición, un orden por fin muy interno y difícil de conseguir. Bordearlo era fácil, alcanzarlo, como es el caso, no.

Hoy he quedado con Ánghel Morales en el Fnac, que es como llamo al órgano administrativo. No es un lugar nada adecuado para quedar. Nuestra luna de miel va a más (ya me ha puesto de link), es muy listo y sonriente, aunque me llama facha cada cinco frases, siempre sonriendo. Lo que significa que le falta actitud que a mí generalmente me sobra. Es una estética mil veces más plástica, la mía, que el gemido progre, tan evanescente y musical. Un día le armé tal pollo que comencé a detestarme, cuando le vi que sonreía, me dije: Nunca más.
Todos los huérfanos de la religión (catolicismo y comunismo) han vuelto a la mitología. Es fantástico el salto atrás, con que ansia persiguen la paz y la justicia,¡ como adivinan los órdenes impolutos! ¡Cuánta nostalgia de Dios!
El eminente Cardenal Ratzinger no comprende en absoluto a esta sociedad. La iglesia está demasiado humanizada y es excesivamente mundana, su mensaje es insuficiente y la sociedad está loca por trascender su condición mortal y reemplazar a Dios en la dación de un orden perfecto. Se rebelan contra las pulsiones humanas, las niegan, no conciben la guerra, la violencia, ni se limitan a intentar gestionarla, la abominan de una manera cada vez más ritualizada, mitologizada. A veces, en estos u otros momentos sin embargo se distraen.

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