El novio omitió la corbata e iba vestido estilo Guti pasado por Bilbao y enfundado de negro; la novia, guapísima, optó por la evocación años 20 y la cuñada, si se casa, por lo mismo. Todos los invitados íbamos correctísimos con traje, y de boda. La boda se celebró en ese bonito pueblo costero al final de una ría y en una reserva de la biosfera, donde hemos veraneado tres generaciones. El novio es otro que se ha hecho local, modalidad máxima lealtad. En realidad todos se han hecho muy locales, menos un servidor. Bueno, como la lealtad del novio está más que probada, el señor alcalde, que es nacionalista como todos los del pueblo (entre ellos tiene sus pequeñas diferencias) le casó al novio a pesar de no ser del pueblo propiamente, que también omitió la corbata. Lo más solemne para cualquier vasco es la informalidad, toda vez que se viven PUEBLO, Herri, pertenecientes a una colectividad, comunidad, tribu, etnia y adoran la campechanía, el esfuerzo de la sencillez, la peña.El novio se hizo acompañar de sus tres cuadrillas vascas y de sus amigos de Sevilla, sevillistas como nuestro amado Líder; la novia se llevó a su cuadrilla guerniquesa, tan ruidosa y bullanguera que valían por las otras tres sin contar a los sevillanos, que eran más del tipo "cuadrilla guerniquesa".
No se había iniciado el almuerzo, pisábamos el césped entre camareros vascongados y cuadrillas, cuando la guerniquesa (cuadri) se puso a entonar Happy Birthday Mr. President, como Marylin Monroe se la cantó a John F. Kennedy, la cual, la cuadri, había celebrado la despedida de la novia en Barcelona, porque sí. Principié e murmurar (yo) "No ha comenzado el banquete y parece que estamos en el preámbulo de la barra libre".
Los novios irrumpieron con música de U2. Superfuerte. Te daban más ganas de beber y de bailar que de comer nueva cocina vasca (si te he visto no me acuerdo), ya formularia.
Los novios antes de sentarse agradecieron a los amigos: 4 cuadrillas vascas y el grupo sevillano la asistencia a la boda.
La novia cometió el desliz (del que se estarán arrepintiendo todavía) de referirse al novio en estos términos: "Me llevo un tesorito" y estalló el estruendo TE-SO-RI-TO, TE-SO-RI-TO, TE-SO-RI-TO...
El novio, que es talentudo, dijo: "Se me ha tratado, con razón con un diminutivo -TE-SO-RI-TO, TE-SO- RI-TO...- , pero yo utilizaré un aumentativo, me llevo una mujerona"- MU-JE-RO-.NA, MU-JE-RO-NA, MU-JE-RO-NA...
Me caía de la silla de lo cómico que estaba resultando todo. De los vascongados sólo aprecio dos cosas: lo bien que comen y su sentido del humor. Son cósmicamente trágicos pero también muy cómicos.
Entonces entra en liza un cuentacuentos, que parece ser que se iba a referir a Romeo y Julieta, pero al ver la algarabía generada con Tesorito y Mujerona, se metió de lleno en la actualidad con talento de juglar. Romeo y Julieta desaparecieron por completo, ni una sola vez se les mentó, únicamente a Tesorito y Mujerona. A tal punto llegaron mis risotadas que el cuentacuentos rescató un nombre italiano del original para referirse a mí, que es como me llamó el novio el día siguiente por teléfono.
Cuando el cuentacuentos se refería a las fechorías o malas intenciones de alguna de las familias, en el original Romeo y Julieta, se oía un clamor OHHH, AHHH, FUERA, FUERA...
Luego una sevillana cantó en andaluz algo dedicado al novio, con muchísimo arte. Los vascongados la aplaudieron a rabiar, como si en lugar de hispana fuera bretona o palestina. Dos cuadrillas o casi eran waterpolistas. A pesar de ese handicap succionaban muy bien.
Y poco después estalló la fiesta.
