El día de hoy acabará cuando me duerma, de momento ha caído la noche, lo que es un avance. Fer acaba de llamar, mañana va con Carlos y Juan de gira etnográfica. Hemos comentado la jornada: redonda. No hubo debacle, sino prácticamente lleno. A los pocos amigos que llamé y a los que habitualmente no veo, todos tenían plan y puente, menos dos que tampoco vinieron, y menos una que sí vino. Pero Alberto Linares vino desde el sur, como el arrollador y simpático charnego
(blog del abogado chalado).Como me he despertado masacrado y tenía que sacar trabajo forzosamente este puente, me he puesto a ello para anular cualquier percepción de mí mismo. Por la tarde he redimido el día leyendo a Esther Bendahan, que me está gustando una barbaridad. Intervino en el acto Literatura y judaísmo.
El Blog de Jam, de Jose Antonio Manzano
Nuestro maestro de ceremonías (blog de Jam) tuvo una intervención profesional e impecable. Sin embargo mi hermano y yo no encontramos el lugar. A mi hermano le arrastré en la caída. El Topo, amistado nuevamente con mi hermano y presa de su activismo, me reprochó mi actitud zen y huir de la cancha que me estraba dando mi hermano. Uno de entrada no estaba por la pláctica. Hablar de uno mismo es obsceno y hablar sabiendo que se va a provocar, lo que uno está haciendo siempre cuando escribe y no escribe... no era aquel el momento. Sin embargo mi hermano, que es otro francotirador, no quería desperdiciar la oportunidad.
¿Se puede llegar a detestar el propio nombre?
Ayer si no se dijo veinte veces mi nombre no se dijo ninguna. Es el nombre más pronunciado en los últimos tiempos en ese salón de actos. Fue una experiencia curiosa, la vanidad tiene unos límites no muy extensos. Y efecto bumerán: puedes terminar detestando lo que supuestamente te complace.
A la vanidad no se le opone la no vanidad, sino la ostentación.
El reconocimiento del Otro
Sobre ese asunto absolutamente determinante del individuo reflexionó Hegel en la historia del amo y el esclavo, y en torno a él se estructura también el psicoanálisis lacaniano.
El afán del reconocimiento del Otro está por igual entre los vanidosos como los no vanidosos. El no vanidoso no es quien ostenta esa meritorioa exención y se sitúa en tierra de la virtud psicológica, que evidentemente no puede darse porque la psicología no es moral, sino quien se sitúa conforme a la condición humana de la ostentación. La mayoría de la población necesita lucir signos de afirmación personal ante el Otro, que no es otra cosa que hacer ostentación de ellos: sociales, profesionales, materiales (vehículos, ropa, casa, viajes..)..., opción distinta a la de los vanidosos, menos estandarizada y desapercibida. La ostentosa es la normativa y canónica, la vanidosa la excepcional y conflictiva o marginal.
El gran ReifusLa Pista Búlgara suena muy bien, pero son deudores de los 80, el tema Candy es de los 80 a todos los efectos. Fangoria es 80, Alaska es 80. Alaska y Canut hacen una música que es
manera de los 80, es prolongación , pauta, recreación de los 80. Eso se llamó manierismo.
¿Por qué sonaba tan bién Reifus y nos gustó tanto? Porque se salió de los 80, y dejó de cantar y ser tributario de los 80. Reifus solo podía evolucionar al margen de la deuda con los 80 de la Pista y eso es lo que se vio el jueves: la realidad Reifus abierta al mejor rumbo.
El cardenal Oktaviansky dictó una breve conferencia sobre El fulgor del Barranco de Juan Royo Iranzo.
La literatura de Juan Royo Iranzo es una literatura que se mueve por las coordenadas de Alvaro Mutis o Augusto Monterroso, documentada, rigurosa, construida en la sintáxis y en la historia. De alguien que tiene un gabinete lleno de libros encuadernados en piel y no deja que allí nadie le perturbe. El tema es la persona. ¿Quién es Juan Royo Iranzo? Es un burgués, progresista, que no se me olvide, pero no un burgués cualquiera, es aparentemnete mesurado, amante del criterio objetivo y del orden en general. Sin embargo la personalidad profunda es absolutamente disolvente, rica y colorista, conoce la intensidaad y las pulsiones. Podía ser un autor japonés extremado pero no lo es.
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Para los ajenos, el cardenal Oktaviansky es Manolo Suárez.El éxito de nuestro ciclo de fiestas literarias, que se acabaron

Los actos han de ser divertidos y variados, novedosos. Y como en toda fiesta que se tenga por tal debe estar abierta a la mezcla y al mezcal, los contactos e intercambios. Que es lo que vino a pasar en la noche insomne en torno al Parra. Seguíamos siendo casi todos y ya mezclados nos seguíamos mezclando, descubriendo gente nueva, nombres y risas distintas, personalidades atractivas. Eso es la Fiesta, nada menos que eso (o todo eso) es la fiesta y vaya que sí la hubo.