domingo, marzo 15, 2009

La clericalla anticlerical y esclava

Un ateo, como dijo mi hermano, no tiene el menor problema de acudir a una ceremonia religiosa o penetrar en un templo sagrado de la religión que sea. Es ateo. Se supone que tiene un pensamiento, unas convicciones, certezas o certidumbres que en absoluto pueden ser modificados por un hecho peregrino, que le es objetivamente irrelevante, para sus convicciones.
No es concebible que un escandinavo, alemán, holandés, británico o neoyorquino planteasen el más mínimo reparo por entrar en un templo luterano, calvinista, mezquita o sinagoga.
Al ser una cuestión plenamente existencial, relativa a la idea de trascendencia de cada individuo digno de ese nombre, a convicciones y planteamientos cósmicos del ser libre y civilizado, con absoluta conciencia de su existencia, de carácter tan elemental y tan básico ni siquiera es dable que hiciera alarde de ser ateo, dada su absoluta naturalidad y legitimidad.
Así es en Europa y en el orbe civilizado menos en España, aquí el ateismo es puro anticlericalismo, aunque de pandereta, botijo y alpargata, garbancero, pedestre y chusco, visceral y no elaborado, y profundamente anti-intelectual. El ateo va presumiendo por ahí de ateísmo, como si fuera un bracero de alpargata de la finca de los Medina Sidonia de Chiclana en lo años 20 del siglo pasado, un héroe levantisco que se enfrenta con riesgo claro al clero, al capellán del cortijo, a la aristocracia y al poder. A las estructuras de poder de comienzos del siglo pasado. El ateo progresista español, lo más carcamal, trasnochado, reaccionario y bruto de Europa con diferencia, que es, sigue con la nostalgia más torpe el pasado, pero más aún que los franquistas que ya ni existen.
Perfil sumario del anticlerical hispano
1.- Resentimiento anticlerical: No le perdonan a la Iglesia el ser seres libres, sí, con libre albedrío, capacidad de raciocinio, con dudas y certezas. Ellos, la clericalla, reclamaban una iglesia tan absoluta que les asegurase, sin libertad, la existencia de Dios por encima del discernimiento y las dudas. No se lo perdonan, los aspirantes a esclavos.
2.- La anacrónica clericalla, si os fijáis siempre ha estado en el submundo de las creencias en absolutos, siempre ha adorado la plena sumisión a los absolutos, que ausente de toda imaginación y creatividad son solamente dos: el comunismo y la utopía republicana de la pandereta, el botijo y la alpargata, no de un republicanismo culto y elaborado, intelectualmente creativo.
3.- La falta de todo pudor de la clericalla. Muchos dejamos de creer bien precoces. Clericalla, no hablar en nuestro nombre y si no tenéis nada que decir, callad.