domingo, octubre 26, 2008

El antiprogre y el progre

EL ANTIPROGRE























Aún goteo sangre ¡qué pregnancia! El libro y yo estábamos empapados de sangre tras dos tardes y parte de la mañana con la herida abierta para la lectura, sin que parase de manar.

Muerto el Profeta Mahoma, le sucedió Abu Bakr, que fue asesinado; después Omar, asesinado;Utmán, asesinado; Ali, asesinado. Alí era primo y yerno de Mahoma y con el se abre la estirpe del chiísmo frente a la ortodoxia sunita. Husein, califa e hijo de Alí y Fátima, hija de Mahoma, y él nieto del profeta, también es asesinado. Muy gore todo.

Todo lo que cunde por la zona que se extiende de Mauritania a Bangla Desh, pero sobre todo en la península arábiga y en el Asia central son razias, asaltos, degollinas y crímenes incesantes. Las mezquitas de Kerbala y Nayaz, lugares sagrados del chiísmo, son asaltadas incontables veces, parecido a lo que pasa en la Meca, Medina o el Punjab. No hay tanta sangre en ninguna otra religión.

El Corán, los Hadices, la Sharia... más todas las divisiones, escuelas, corrientes confluyen en el mismo mar, qué lo hubiera evitado la Ilustración, la modernidad, la Haskalá judía... el laicismo, la separación entre poder temporal y divino.


Y EL PROGRE

martes, octubre 21, 2008

Artículo publicado hoy en Diario de Avisos


Opinión


JOSÉ MARÍA LIZUNDIA ZAMALLOA

Los aventureros de la memoria


La filosofía política actual basa la legitimación política en la comunidad y en los consensos de convivencia que crean en ella todas las voces democráticas. El pluralismo, la inclusión y el debate con los acuerdos que se alcancen legitiman la forma de gobierno a través de las elecciones. La legitimidad y la legalidad democrática terminan por fundirse. No estará de más recordar las bases constitutivas de la legitimidad política.
La ética política que establece los mínimos democráticos reniega de cualquier legitimidad previa preferente o superior por origen o descendencia. Ni el derecho divino legitima ya ningún sistema político, ni los derechos históricos poseen un sustrato real ni democrático, ni tampoco el entronque de nuestro actual sistema a efectos de legitimidad en la II República, como pretende Zapatero demoliendo los acuerdos de la Transición, tiene validez democrática alguna. Mucho menos si con ese torpe e ilusorio juego de herederos se trata de asociar a la izquierda con las supuestas únicas víctimas habidas en la República, formando parte del linaje superior de los inocentes, mientras que a la derecha se la reduce a heredera exclusiva de los verdugos y de la infamia. De la horizontalidad en igualdad de los acuerdos, a la verticalidad de la pureza de los linajes.
La política de la memoria histórica no consistió nunca en una labor aséptica de exhumaciones a cargo de los departamentos de antropología, como en su penoso discurrir a veces se la hace pasar. Nos hallamos, por no estar saliendo la memoria como se pretendía, en una fase que calificaremos de humanista consoladora de algunos ancianos y de nietos durante décadas tan olvidadizos como desmotivados. ¡Qué pensar!
Nada desde la instauración de la democracia ha tenido mayor carga política, ideológica y emocional, además de excitación catártica, que la política de la memoria histórica, que ha consistido en el desbordamiento de todos los referentes históricos fundacionales, pactados y simbólicos de la Transición, acotando y manipulando los fines y objetivos de esa memoria en la búsqueda de efectos "colaterales". Se trataba de forzar la hegemonía de la izquierda durante el más largo plazo con la máxima exclusión de la derecha.
La hegemonía para Gramsci fue asunto fundamental al ser consciente del problema que suponía, en términos de aceptación, la Dictadura del Proletariado -algo que por cierto estuvo muy vigente en la intención de miríadas de republicanos españoles-, y para tratar de orillar ese abrupto asunto sería la hegemonía política, ideológica y cultural la que asentara un poder muy prolongado que deviniera irreversible. Como fábula puede ser muy sugestiva para los proclives a ellas.
La llamada memoria histórica, tras estos años de agitación y propaganda, volverá a su lugar natural: los departamentos y estudios de Historia. Sin embargo la política de la memoria histórica habrá de contextualizarse con otras políticas afines y paralelas, y de acuerdo con los nuevos modelos de legitimidad política propuestos por los gobiernos de Zapatero y con la cancelación del consenso y espíritu de la Transición. Del pacto civil de la comunidad que buscaba el encuentro y la colaboración para el futuro, a la heroica genealogía que brinda la estirpe elegida de inocentes únicos y absolutos de la república sin tacha. Fin de la paridad ideológica, lo que va a valer es la pureza del origen y el mejor linaje. La derecha pasa a ser por la misma lógica la heredera directa del crimen y la iniquidad. Tanto ha sido el éxito de Zapatero, que se ha convertido en deporte nacional televisivo la execración y escarnio de la derecha, pero de la derecha como tal, mientras nadie sensato osaría tildar a la izquierda de roja, estalinista o separatista.
La tenaz deslegitimación de la derecha estigmatizada de franquista, se ha popularizado en series de imprecaciones de formato alargado como éste (me documento con la televisión): franquista, causante de todos los absolutismos y dictaduras; responsable, siempre única, del "atraso secular de España"; facha, derecha extrema, clerical, retrógrada... Cosas que merecen grandes aplausos, risas, befas y el guiño inevitable del presentador habitualmente progresista.
Pero en Europa, sin nuestra tradición frentepopulista, sectaria y revolucionaria, el antifascismo adolescente de salón apenas existe. En Europa, la izquierda asume la legitimidad moral e intelectual de la derecha y es impensable que no fuera así. En España, hasta Zapatero, la izquierda no cuestionó la legitimidad de la derecha, porque hasta entonces no se la proveyó de la genética ominosa de la sublevación franquista, el golpismo, la represión y los muchos crímenes a heredar. Nadie puede imaginar que el SPD tildara a la derecha alemana de derecha extrema o de nazi.
Ni Zapatero ni sus apólogos de la memoria histórica son capaces de columbrar su deserción de los presupuestos de la justificación de la legitimidad política en la comunidad y en la igualdad en los debates, algo en lo que todos los autores están de acuerdo: de Rawls a Rorty, de Habermas a Giddens.
Si Zapatero es un gran creador de fábulas, aún faltaba en la tragicomedia otro actor siempre esperado: Garzón. Un juez también aventurero y paladín de la justicia experimental y de vanguardia; una justicia guiada por la sensibilidad consecuente de artistas y poetas. Pura creatividad. ¿Dónde están entonces los límites del derecho y de la ley? En ningún sitio porque no los hay.
Si Zapatero reinventa los fundamentos de la legitimidad política, dándole a ésta el cariz medieval del origen y la superior estirpe moral, Garzón disuelve los límites del derecho penal en reportajes periodísticos, entrevistas antiguas y en el baile de las leyes como si fueran estilos eclécticos. Ambos aventureros tienen la tentación, a la que ya sucumbieron los nazis, de pensar que todo es posible y está permitido.
Conocí muy bien el franquismo, pero lo que no me molesté en conocer tan bien fue la II República, o igual no quise, por si acaso. Ahora la estoy conociendo de la mano de esos antifascistas ilusorios, los largamente ausentes, los emboscados, por los que no siento la más mínima admiración (ni me representan nada). Pero sí por lo que ellos nunca fueron ni hubieran sido: antifascistas.
Aunque todavía los muy escondidos de la historia no me han enseñado a discernir cuál de los ejes de la criminalidad política de la II República resulta la más abyecta y ominosa: si la revolución armada contra la II República de 1934, si el terrorismo de estado administrado de manera impecable, asesinando sus guardias al jefe de la oposición; el exterminio de la izquierda troskista y parte de la libertaria, la mayor y cruenta persecución religiosa habida en el Siglo XX en Europa, los asesinatos de prisioneros a la manera casi exacta de Sebrenica pero a mayor escala, las acciones de tribunales y milicias populares, juntas de defensa, comités... o cuál. ¡Cuántas semillas sembradas en aquella democracia tan pura, de la que hay que escamotear toda sombra de hechos y realidades! A aquella mera legalidad vigente (como se la presenta) le aguardaba también, de haber triunfado, el más estremecedor futuro ¿o estaré equivocado?

domingo, octubre 19, 2008

Durante este fin de semana que está a punto de concluir, me asomaba para ver el cielo entre las ramas de los árboles y de paso miraba los árboles, las plantas, las buganvillas y las adelfas cuando subía y bajaba las miradas. Pero he estado empeñado en el cielo. A veces llovía, generalmente cuando el cielo estaba azul pálido y vibrátil como la pantalla del ordenador, lo que era muy agradable y compensado.
El viernes a la noche vinieron amigos y el sábado también, aunque otros. O sea que no hemos parado de salir y de ir a cenar sin tener que movernos de casa. A la madrugada me pasaba a la cerveza para poseer la vivencia más empírica e inmediata de los pubs. El viernes le llamé a mi hermano para que viniera al miniparty, había estado excesivamente didáctico con él al mediodía. Pero tenía un cumpleaños. Lo intentaría en un más a posteriori. Le conminé:

- No te atrevas a venir con tu bolso al hombro, porque te lo voy a registrar por si te traes el neceser y el pijama. Ni te vas a quedar a vivir en el complejo ni vas a pasar el fin de semana ¿entendido?
Al final no vino pero avisó.

El sábado estuvieron Iñaki y P. y nos dieron más de las tres. Me trajo una revista francesa, la que he colgado, de judíos en la literatura. Como es costumbre dimos rienda suelta a nuestra vehemencia y el País Vasco se constituyó como siempre en el frontón donde arreamos los pelotazos más contundentes, cortantes, secos e inverosímiles. Trallazos, bombas, estallidos... bajo un cielo incendiado por relámpagos y estremecido por truenos.

Iñaki ha organizado a fin de mes un ciclo de conferencias en la Universidad sobre Heidegger, la primera es la de él. Allí estaremos.

martes, octubre 14, 2008

Alexander Herzen

Herzen es alguien a quien admiro, sin haber mirado aún Wikipedia, en su día leido y a través de Isaiah Berlin y un autor reciente (de reciente lectura, se me entienda) hispano -cuyo nombre yace con el libro en mi estudio y para cuya cita habría de levantarme-, hondamente reconocido y como digo, admirado, sobre todo gracias a Berlin.
Su secretario, puesto en contacto conmigo, pregunta por la Cayetanada. Admito que he de informarle, puesto que eso parece sugerir su mensaje.

domingo, octubre 05, 2008

Convaleciente

Me aboqué a la desmesura y me rebocé en ella somo un suicida voluble y caprichoso. Estas adjetivos convienen a lo del suicidio aunque tampoco serían opuestos a mi acción con la que intenté alcanzarlo. Comí tantas patatas fritas y con tal voracidad, una masa compacta y gelatinosa de grasa, industrial parecía, que casi me sentí finisecular, finiquitado e in fine finito. A continuación todo se enredó, dolor en los riñones, vientre, estómago, aborrecimiento de la ingesta más minúscula, intolerancia cero a trodo lo que pudiera tomar. Me vi de súbito en Urgencias, donde por ahora y por mí, en condición personal de hospitalario, no he estado. Me acordé de Rafa a quien los doctores riñieron, porque no se explicaban que no tuviera historial médico, que es lo mismo que me pasa a mí, ni historial ni dato alguno. Desconozco incluso mi grupo sanguineo, aunque será muy vasco. Confesaré, de forma distraida y adventicia, que desde hace años hasta mi número de la Seguridad Social es prestado.

Me entretenía con esos subterfugios burocráticos, mientras que para mis más adentros, me tornaba existencial existencialista: ahora me toca a mí, la vida misma. Mientras sufría literamente y no podía estar en ningún lugar, no podía dormir...hasta que si pude.
El domingo ya estaba algo mejor por la mañana, luego vinieron mis cuñados de visita con el Polanco: el balaurte de la objetividad informativa, modalidad Testigos de Jehová.

Hasta que me encontré muy bien, y les confesé: creo que me apetece una cerveza. El coro exclamó: ¡Bravo! ¡Albricias! tómatela -incluso- tomátelas. Con comentarios de este diagnóstico: Éste ya está curado. Entonces se puso animoso mi cuñado: ¿te la abró?

-No, aún no, no es la 1 (13:00)-

Mis cuñados querían partir pero no sin antes verificar mi estado. A la 1 me rodearon, me dirigí a la nevera, me ví en una playa calurosa y procedí de la forma experimentada que sé hacerlo.

-Oh, Díos mío que benéfico líquido, que néctar, ambrosía, leche y miel de Israel...He sanado. El día anterior no admitía ni cerveza. A la vista de lo cual mis cuñados recogieron las medicinas que me habían traído y se fueron.

Ayer domingo, a la tarde, concluí el Camarote de la Memoria de Agustín Enrique Díaz Pacheco. Novela con merecida fama, con un final en doble bucle que hacen de la novela un artefacto consistente y una historía única, esto es, una novela. Como los grandes escritores sudamericanos, lleva el barroqismo y el lenguaje puestos como lentejuelas, abalorios u otro tipo de ornamentos, pero con resultado: la densidad del lenguaje no impide o sirve de obstáculo o cortapisa de la acción.
Lo que no sé -o ahora lo sé menos- es por qué los Sres. Advocats que estudiaron y son amigos de él, a veces desconsideran al que ha escrito El Camarote de la Memoria. ¡Estos advocats!

viernes, octubre 03, 2008

La bohemia a 600 metros

Ayer pasé por la oficina de Maximilian en el Maki, pero no había llegado, por lo que me puse a placticar con el Turco. Max se retrasaba como las starlets en el festival de Sant Sebástien y me tuve que ir a la institución cultural por antonomasia: El ¡Ah!teneo.
Vasili me había convocado para escuchar la poesía de un sabio del Instituto Max Plank, que es judío chileno de padres judíos alemanes cuya familia fue exterminada por los nazis, ante el impávido silencio de los europeos, ahora reconvertidos masiva y alegremente a la macro causa palestina. Que es la mejor forma de conservar un poco a los judíos en su lugar: en el bimilenario punto de mira.
Vasili había hecho bajar de algún lugar cercano a Dios al sabio judio chileno, muy entrado en laicismo, me pareció.
Ni digo cómo fui presentado.
- Es usted judío- le digo.
- Sí y usted-
- No, pero ya me gustaría (soy un judío no reconocido y por tanto de bastante mérito), ¿proviene de Ucrania, es que como se ha referido a ella?
- No, soy chileno-
- Ya sé, si su familia proviene de Ucracia, Lituania, Polonia...-
- Mis padres eran judíos alemanes y yo volví a Alemania a estudiar-

Me acordé de Paul Celan, de cómo sorteaba Alemania.

Viendo que le gustaba hablar más del país que está entre Canadá y Méjico -¡que esfuerzo hube de hacer para no levantar dos veces el brazo e indicarle que ese país era Estados Unidos!; con lo que denotó ser un latinoamericano hasta la médula, por las fobias constitutivas de su identidad- que de los judíos, bajé al bar y estaba la Alta Bohemia: el augusto teniente coronel, ahora ya con despacho de coronel Agustín Enrique y E. D. y otras figuras de menor fulguración.

miércoles, octubre 01, 2008

Artículo publicado hoy en Diario de Avisos

Opinión
JOSÉ MARÍA LIZUNDIA ZAMALLOA
Los estados de excepción culturales

(Artículo escrito tras el reciente viaje a Bilbao)
El 19 de septiembre pasado se entregan en la Academia de la Ertzantza en Arkaute los diplomas de la XXI promoción. El consejero de Interior Balza pronuncia un discurso sobre el éxito de la policía autónoma, pero omite toda (¡toda!) referencia al terrorismo y a los asesinados de ese Cuerpo por ETA. En poco más de veinticuatro horas la realidad se encarga de impugnar a Balza: en Ondárroa casi se produce una masacre de ertzainas. Al final del acto quien habla es Ibarretxe, que defiende de forma acendrada la libertad. Otra paradoja en el lugar donde más coartada está. En la copa posterior y en un ambiente muy distendido, el único idioma que se escucha es el castellano. En los discursos anteriores ha quedado patente la autonomía del discurso político en relación a la realidad y parece que esa misma autonomía y separación se refuerza ante la sociedad civil: en aquel momento, familiares, amigos y funcionarios. Las calles de Bilbao y Vitoria vienen a confirmar esas apreciaciones y a refutar los discursos políticos al uso que inundan los medios.

Lo de Bilbao resulta conmovedor. Ha de pasar un día entero para poder oír una conversación en euskera, mientras se observa cómo la sociedad se afana en tareas laborales y sociales, ajena por completo al significado real o figurado de conceptos o divisas como pueblo, identidad colectiva, cultura propia, España plural... Algo que llama la atención al visitante, como lo han dejado consignado recientemente en sus blogs dos compañeros de profesión.

La noche del sábado 20 de septiembre el metro de Bilbao absorbe a numerosos contingentes de jóvenes que van subiendo en todas las paradas de la margen derecha (la de menor inmigración histórica, considerada área vascoparlante en los mapas lingüísticos) en dirección a Las Arenas, (Getxo), donde son fiestas. Nadie, absolutamente nadie, habla euskera. Todos sin apenas excepción se habrán escolarizado en euskera en los dos modelos educativos mayoritarios: los más exigentes con ese idioma. Por no verse, en ese y otros días, ni se ven a los militantes culturalistas del euskera que ya desde el franquismo se esforzaban en hablarlo de forma ostensible y desafiante, como entonces correspondía.

Por si el visitante no hubiera tenido ya bastante, otro día, también en el metro, tiene enfrente a una madre con dos niños a los que habla en euskera, pero en cuanto ellos se enzarzan en juegos y peleas el único idioma que utilizan es el castellano. Todo parece indicar que la madre los ha dejado por imposibles.

Hasta hace unos años aún existía una suerte de deber entre las capas más comprometidas con el euskera, que consistía en aprenderlo lo suficiente para poder hablarlo a los hijos de niños. En el epicentro del Casco Viejo bilbaíno, la Plaza Nueva, correteaban y jugaban uno de esos días muchos niños todos con nombres vascos, hijos de padres que han aprendido euskera obligatoriamente. No hubo forma de oírles hablar en otro idioma que no fuera el castellano.

A estas alturas está ya muy claro que los presupuestos multimillonarios y las coacciones a favor del euskera se estrellan de manera estrepitosa ante la elección de idioma que hace el hablante, el individuo con su libertad de elección, es decir la sociedad civil. Esas mismas instancias (individuo, sociedad civil) que la verborrea política, abstracciones y logomaquias sobre pueblo, hecho diferencial, construcción nacional, ser colectivo... han tratado de aniquilar.

La primera autonomía en rango constitucional diferenciado gracias a los "derechos históricos", Euskadi, gran rompeolas de la marea devastadora de lo español uniformador y opresor que sin duda esa comunidad representaba, ha fracasado de manera espectacular en lo concerniente a la construcción de la identidad nacional. El estado de excepción cultural permanente que se viene proponiendo bajo el macroeufemismo de "normalización lingüística" ha resultado sarcástico: lo normal era que el castellano perseverase en su presencia social como desde tiempo inmemorial y así ha resultado frente a la fuerza del dinero y la coacción política y social instrumentada por la anterior.

El Correo de Bilbao dedica, en esos días de visita a esa ciudad, tres páginas a glosar el derrumbe de la izquierda abertzale ante la ofensiva de los poderes democráticos del Estado y la indiferencia general ante la suerte de las marcas civiles de ETA. Hasta la estética abertzale parece clausurada. Un efecto de vasos comunicantes afecta al conjunto del nacionalismo. El voluntarismo, los grandes ideales nacionalistas, la excepcionalidad de carácter sagrado del hecho diferencial, su recuperación y restitución históricas son puestos ahora en solfa con toda crudeza. Parte de las bases de la Transición, en concreto todo lo relativo a desarrollos autonómicos que sirvieran a la recuperación de las presuntas esencias pluralistas de España, se fundamentó en fantasías, sueños, delirios y doctrinas tomadas del Romanticismo tardío del XIX. La Transición así como estableció los cimientos de la racionalidad política democrática, se nutrió también de fascinantes bases metafísicas para dar viabilidad a lo que sobre todo no era más que imaginario y mitos inventados por una minoría nacionalista, luego convalidada por el antifranquismo, con deseos de imponer los presupuestos de su doctrina política al conjunto de la sociedad. Algo que ha logrado con la sacralización de la "diferencia" obligatoria. Un hito en Europa.

Quien desee conocer el alcance empírico de la identidad nacional oprimida y la España plural no tiene más que ir al País Vasco y constatará lo que han dado de sí treinta años de normalización lingüística (la han normalizado de verdad, aunque sin querer, pero en el sentido contrario al pretendido) y de recuperación del ser vasco. El fracaso y la puesta en evidencia de las entelequias metafísicas de la Transición en más categórica y sangrante si se tiene en cuenta todo el poder y coacción política dispuestos, consensos guiados y disponibilidad presupuestaria.

Un país como España, sin Reforma ni vigencia histórica del principio de responsabilidad personal, sin apenas Ilustración y pensamiento político liberal y que afrontó a la modernidad con cantonalismos, lucha de clases y revolución y fascismo puro y duro, no podía enfrentar la Transición sin un sistema de creencias utopistas y metafísicas en las que arraigara algún absoluto, alguna era mesiánica que alcanzar, algún proceso de perfección definitiva gracias al reencuentro con las esencias propias más puras.

Las construcciones nacionales, las esencias plurales que aguardaban como promesa de equilibrio y armonía definitivos, los hechos diferenciales por fin descubiertos, las normalizaciones lingüísticas a base de estados de excepción culturales, las inmersiones en monismos lingüísticos e identitarios... toda la propaganda política hizo que se olvidara lo más básico y determinante: las elecciones y decisiones de los individuos, algo que ni la España conservadora ni la que se tilda a sí misma de progresista siguen sin saber bien lo que es.